Gobierno cubano comienza a producir mascarillas de tela para entregarle a los médicos que atenderán a posibles pacientes con coronavirus

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El Gobierno cubano ha repetido hasta la saciedad que están listo para hacer frente al coronavirus en la isla y que poseen todas las condiciones en sus hospitales para tratar a los pacientes infectados. Sin embargo, una publicación realizada ayer en el diario oficialista Juventud Rebelde podría poner en entredicho esta aseveración, pues las autoridades sanitarias informaron que están fabricando a ritmo acelerado cientos de mascarillas de telas para supuestamente ayudar a “prevenir el coronavirus”.

Según indica el reporte, se esta elaborando más de 20 mil nasobucos en una fabrica textil ubicada en la provincia de Sancti Spíritus, para los cual las operarias estarían trabajando horas extras para tener listas cuanto antes la mayor cantidad posible.

Lo que resulta preocupante es el diseño de estas mascarillas y su real efectividd frente al coronavirus, pues se trata de simples nasobucos de tela como los utilizados en procederes quirúrgicos. La gran “diferencia”, como resalta el citado medio, es que estas mascarillas se están fabricando con tres capas de telas, con tejido warandoll, muy útil para fines hospitalarios comunes, asegurando que de esta forma ya son completamente efectivas para proteger de infecciones respiratorias.

Esto no puede ser más alejado de la realidad, pues finalmente no dejan de ser mascarillas quirúrgicas reforzadas, como las que vemos en ambientes clínicos, las que realmente tienen como objetivo proteger a los pacientes de una posible contaminación del personal sanitario y que aire exhalado sea filtrado lo mejor posible para evitar la contaminación de las personas que tenemos cerca.

Este tipo de mascarillas, a pesar de poseer tres capas de telas, como enfatiza la prensa estatal, no puede considerarse efectivas para proteger contra el coronavirus, porque no buscan filtrar el aire que respiramos, sino que filtran el aire que expulsamos durante la respiración, al toser o estornudar. En todo caso, solo servirían para evitar que la saliva o los fluidos biológicos que un paciente expulse por la boca o la nariz puedan afectar al personal sanitario que lo atiende.

Por tanto, la finalidad de la mascarilla quirúrgica, por su diseño, es adecuada para evitar que quien la porta pueda contaminar a su entorno. Su tejido recoge las microgotas que podemos exhalar al respirar, pero es más difícil que retenga todas las partículas existentes en el ambiente cuando inhalamos, ya que no sella su perímetro.


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