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Tranvía de Santiago de Cuba, la historia del fracaso de una idea de Raúl Castro

Uno de los proyectos concebidos para festejar el 500 aniversario de Santiago de Cuba y que más entusiasmo generó entre su gente fue la de poner a circular por las calles de la ciudad un tranvía, algo que no se había visto en más de 60 años.

La idea de revivir el tranvía surgió cuando el presidente Raúl Castro visitó la urbe en 2014 y se preguntó si era posible poner a rodar un tranvía como los que él había visto en la Santiago de la década de 1940.

De inmediato (y cual si fuera una orden) las mesas de la Oficina del Conservador de la Ciudad se llenaron de planos y diseños para “rescatar el tranvía”.

Se concibió que el mismo recorriera desde el Parque de la Alameda hasta el cruce de las avenidas Patria y Martí, e incluso se habló de extender la ruta hasta la Plaza de la Revolución Antonio Maceo (…por hablar no se para nada en Cuba).

Ferrocarriles de Oriente apoyaría en la construcción de la infraestructura necesaria y ya se vería como se rescataba algún tranvía por ahí.

El coche apareció en La Habana, desde donde se llevó a Santiago de Cuba. Se trabajó en su recuperación y Ferrocarriles de Oriente, mientras, rescataba algunos tramos de vía que habían permanecido bajo el asfalto cerca de la Fábrica de Ron Santiago.

Se estimó que el costo final de la operación estaría alrededor de los cuatro millones de pesos y las obras comenzaron. Sin embargo, el Ministerio de Transporte dio la orden de paralizarlas por falta de presupuesto

A los santiagueros, que se habían entusiasmado con la idea de ser la única ciudad de Cuba con tranvía la noticia les cayó encima como un cubo de agua fría.

Después de tanto bombo y tanto platillo el proyecto se detenía y se hacía el silencio. Hasta la prensa que había seguido la evolución de la idea con lujo de detalles, se calló de repente.

Restaurar el tranvía de Santiago tenía un propósito turístico. La inserción de un coche eléctrico no resolvería en nada el problema del transporte, pero decoraría el paseo marítimo (un espacio muy agradable que se ha convertido ya en uno de los preferidos de los santiagueros) de la ciudad y le daría un detalle único dentro de las urbes cubanas.

Ya nadie habla del tranvía. Seguramente, porque, aunque los cuatro millones de pesos siempre fue más lógico invertirlos en opciones reales de transporte para la ciudad y no en un proyecto de lo “real maravilloso”; era una idea de Raúl Castro y ningún funcionario cubano parece dispuesto a recordar públicamente que fueron incapaces de materializarla.


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