Ambulanciero cubano lleva dos meses sin ver a su hija para protegerla del coronavirus

Transcurrido más de un mes, la tripulación de la ambulancia 413 de la Base Regional de Ambulancias del municipio de Cienfuegos no olvida el traslado de la primera paciente positiva a la COVID-19 en esta provincia, hacia el territorio de Matanzas.

Se trataba de la turista croata, cuya prueba realizada, aquella jornada del 24 de marzo en la Clínica Internacional de Cienfuegos, confirmó que padecía la enfermedad.

El licenciado en Enfermería Junior Pérez Hernández recuerda como se sintió al recibir la orientación de trasladar a la turista al hospital militar Mario Muñoz, ya que aun con todas las capacitaciones que había recibido, la realidad era muy diferente.

“No teníamos experiencia en la transportación de pacientes positivos al coronavirus, pero aun así logramos que la señora queda muy complacida con el trato que le dimos. Al llegar a Matanzas estuvimos conversando con algunos, médicos de allá que nos brindaron asesoría sobre cómo proceder de una mejor manera en estos casos”, comentó Hernández.

“A pesar que en un primer momento teníamos temor, todos los viajes posteriores los hemos realizado sin problemas ni quejas, ya que estamos conscientes de la responsabilidad que tenemos y de lo delicada que es la situación de las personas, quienes además de estar enfermas tiene que estar alejadas de sus seres queridos”, añade.

Hernández cuenta que al llegar a su casa luego de realizar un turno de 24 horas lo primero que hace es bañarse y solo entonces saluda a su esposa, quien a pesar de estar un poquito asustada, lo ha estado apoyando de todas las formas posibles.

La mirada de Junior se desvía al responder la próxima pregunta, “a mi hija de 10 años hace dos meses que no la veo, ella se llama Diana Laura y está con su abuela, la alejé completamente de mí, para protegerla”, dice y se le adivina la nostalgia por su pequeña.

Según cuenta este ambulanciero, el transporte de pacientes con coronavirus es considerado un código rojo, para lo cual la ambulancia está equipada con oxígeno, monitor y desfibrilador, ya que se trata de una enfermedad respiratoria y debe haber garantías para la atención a los pacientes durante los más de 180 kilómetros que separan a Cienfuegos de Matanzas.

“Por suerte, hasta ahora no se ha complicado nadie y ni siquiera les hemos tenido que poner oxígeno”, añade.

Al concluir cada viaje, es la propia tripulación la encargada de descontaminar con hipoclorito la ambulancia, que no podrá volver a utilizarse hasta 45 minutos después, en tanto ellos deben cambiarse el traje estéril como indican los protocolos.


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