¿Sabías que una parte de Cuba pudo pertenecer a Bélgica?

Para nadie es un secreto que Cuba ha sido codiciada por no pocas potencias a lo largo del tiempo. En el caso de Estados Unidos, Inglaterra y Francia, no fueron pocos los intentos que hicieron para lograr sacar a España de la mayor de las Antillas.

Sin embargo, que un país relativamente moderno como Bélgica, haya echo fuerza para quedarse con parte del territorio caribeño, eso sí resulta interesante.

Sucedió que el primer rey de los belgas, Leopoldo I, encargó a uno de sus súbditos, el barón de Norman, la misión de conseguir algunas colonias en América, pues el recién creado país europeo carecía de ellas.

Tras reunir gran cantidad de mapas e información y realizar diversos contactos diplomáticos el barón de Norman llegó a la conclusión que el lugar ideal para establecer una colonia belga en el continente americano era la Isla de Pinos, al sur de Cuba y bajo la soberanía de España. Según le escribió al rey de Bélgica, la Isla de Pinos poseía tierras fértiles, riquezas minerales y se encontraba tan escasamente poblada que no llegaba a las 500 almas.

Además corrían los años finales de la década de 1830 y España se encontraba sumida en grandes disturbios internos y completamente arruinada por la pérdida de sus colonias en el territorio continental de América, por lo que no resultaba demasiado descabellado que accediera a vender.

A Leopoldo I le agradó la idea y ordenó tantear al Gobierno español sobre su disposición a vender Isla de Pinos a Bélgica. Madrid no dijo ni que sí ni que no; sólo, y de mala gana, por boca del jefe de Gobierno Narciso de Heredia, hizo saber al rey de los belgas que si querían adquirir cualquier la Isla de Pinos se limitaran a hacer la propuesta por los canales diplomáticos correspondientes.

No se sabe con certeza que fue lo que enfrió la operación. Quizás haya sido la incapacidad real de la corona belga de adquirir el territorio tras averiguar entre bambalinas los que hubiese exigido España por su cesión o el comienzo de la guerra civil en la propia España que convulsionó al país y dejó de lado todo tipo de negociación.

Lo cierto es que la Isla de Pinos nunca llegó a pertenecer a Bélgica, como tampoco a Estados Unidos, que intentó adquirirla en 1899 tras finalizar su guerra con España.


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