Paso de Lesca, la misteriosa carretera embrujada cerca de Camagüey

El Paso de Lesca, en el Municipio de Sierra de Cubitas, es uno de los desfiladeros que corta de forma transversal la Serranía que da nombre a la municipalidad. Por allí, atraviesa el camino que comunica las planicies del norte de la ciudad de Camagüey con las llanuras costeras.

Los pasos son lugares de difícil tránsito debido a la presencia de rocas calizas puntiagudas (los llamados dientes de perro). Son depresiones naturales que los aborígenes solían utilizar en su época.

Tras el inicio de la Guerra de Independencia el 10 de octubre de 1868, el ejército español envió a Puerto Príncipe, en Camagüey, una fuerza de infantería bajo el mando del brigadier Juan de Lesca.

Corría el mes de febrero de 1869 cuando la tropa española de Lesca avanzaba por la sierra de Cubitas con destino a Puerto Príncipe, pero una vez las fuerzas españolas estuvieron en el centro del Paso de Hinojosa, los soldados cubanos comenzar a abrir fuego.

Luego de haber estado combatiendo durante horas, y con una buena cantidad de bajas de ambas partes, Lesca logró reunir a los restantes miembros de su tropa y abrirse camino hacia la sabana.

Para poder hacer más rápido el avance, el brigadier español mando a que arrojaran en las cuevas y los despeñaderos a los soldados muertos y según se dice, hasta los que se encontraban mal heridos corrieron la misma suerte.

El camino fue conocido desde ese entonces como Paso de Lesca, por los horribles sucesos que tuvieron lugar allí.

Gritos y quejas debajo de la tierra

Los campesinos de la zona, al cabo de muchos años, aun decían que en las noches podían escucharse gritos y quejas que en el centro del desfiladero, parecían proceder de debajo de la tierra.

Todos los que vivían relativamente cerca evitaban cruzar por el Paso de Lesca una vez que se ponía en sol.

Tampoco faltaron los que aseguraba que habían llegado incluso a presenciar un batallón de seres demacrados que corrían o se arrastraban entre el retumbar de los disparos.

“Son los soldados de Lesca que están enterrados en esas cuevas y las almas de los que abandonó porque estaban mal heridos”, contaban algunos.

Ya entrado este siglo podían verse en el silencioso sendero o en las veredas junto al desfiladero, rústicas cruces dedicadas al eterno descanso de aquellos desventurados.

Luego el camino comenzó a ser construido. Las cuevas se rellenaron, sin que nadie se atreviera a comprobar si existían restos humanos. Las simas desaparecieron, como poco a poco ha ido desapareciendo la leyenda.


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