Buque San Pasqual, el curioso barco de hormigón que sirvió como hotel en Cuba

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El San Pasqual, único de los 4 barcos de hormigón que queda en pie de los que fueron construidos por Pacific Marine Construction en 1920, se encuentra en Cuba, específicamente en las aguas de Cayo Francés, provincia Villa Clara.

El citado astillero llevó a cabo la fabricación de las embarcaciones en San Diego, California, con la idea que fueran utilizadas para almacenar y transportar mieles. No obstante, el diseño del Pontón, como también se le conoce, no cumplió las expectativas en cuanto a su eficiencia a la hora de navegar y fue descontinuado.

Barco San Pascual en su estado actual

A pesar de esto, su rareza tecnológica y su estructura, han hecho que se considere como una verdadera obra maestra de la ingeniería naval y que cuente con un gran valor histórico y cultural.

Punta Alegre Sugar Company compró la embarcación y se ocupó de que fuera remolcada hasta las aguas donde todavía descansa a 16 millas del puerto de Caibarién y allí, por muchos años, sirvió de almacén flotante para 14 centrales azucareros. Los buques acudían a él y transportaban la melaza a sus bodegas para después dirigirse hacia Norteamérica.

Barco San Pascual en su estado actual

A su vez, el barco también fungió como estación naval y antiaérea para el ejército norteamericano durante la Segunda Guerra Mundial, cuando se aprovisionó con cañones de tiro rápido y ametralladas para repeler los potenciales ataques nazis alemanes.

Según se dice, en el sitio llegaron a encarcelar de forma temporal a soldados batistianos capturados durante el asalto al Tren Blindado por Ernesto Che Guevara cuando se libró la batalla de Santa Clara.

Barco San Pascual en su estado actual

Se convirtió  entonces en un curioso hotel flotante, casi unico en el mundo, con sus 10 camarotes convertidos en confortables habitaciones, un bar, un restaurante y por supuesto, las vistas mas espectaculares que os podáis imaginar.

Danaiky González, trabajadora del Pontón en su etapa de hotel,  recuerda que “en su interior hacía mucho calor. La embarcación nunca se climatizó y en las tardes el olor a miel putrefacta que ascendía de las bodegas era insoportable, por lo cual los clientes no pernoctaban. Muchos preferían alojarse en Punta Periquillo, un resort que ofrece la oportunidad de estancia nocturna”.

El proyecto de remodelación no tuvo éxito y el San Pasqual fue, una vez más, abandonado a sus memorias y leyendas, como aquella de la guasa del Pontón, pez gigantesco, que cual mítico custodio de los secretos del navío, se tragaba de un tirón a los pescadores y sus capturas.


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