Búfalos de agua, el invento de Fidel Castro para resolver el problema del hambre en Cuba

Corría el año 1983 cuando el ya fallecido ex gobernante cubano Fidel castro se enfrascó en sacar adelante un programa de desarrollo para la crianza de búfalos, con el que pretendía que se ocuparan las zonas costeras y pantanosas, donde el ganado vacuno no sobrevive.

El primer lote que se introdujo en Cuba se adquirió en Panamá. Entre 1983 y 1986 se importaron más de 2,900 animales.

A muchos incluso les pareció una buena idea. ¿Qué daño podían causar unos pocos ejemplares de esos animales distribuidos a lo largo y ancho de la geografía isleña?

Más de 3000 búfalos fueron importados a Cuba en los primeros años

Los primeros en llegar fueron los llamados búfalos de río, productores de leche, y posteriormente, fueron incorporándose los de pantano, para dar comienzo a un programa de mejoramiento genético.

Durante los primeros años todo marchó a pedir de boca. A estos animales les encantó Cuba por su clima, abundante alimento y ningún depredador natural que les diese caza. En poco tiempo proliferaron y llegaron a formar grandes rebaños.

Las cercas de las fincas ganadera no pudieron aguantar la corpulencia de los búfalos y estos comenzaron a dejar el cautiverio y empezaron a buscarse la vida por su cuenta. En poco tiempo, muchos ya se habían vuelto salvajes y había hecho sus colonias en las zonas cenagosas y los montes cerrados.

Búfalo de agua de Viet Nam en Viñales siendo utilizado como atracción turística

El rebaño de búfalos en la Isla ronda actualmente las 40 mil cabezas, pero en 2009 se reportaban 12 mil cabezas salvajes en Pinar del Río, provincia en la que arrasan con las plantaciones de tabaco y se comen los cultivos.

Tanto ha llegado a crecer su número que, hoy en día, los búfalos salvajes que llegaron en su momento a resolver un problema, se han convertido en otro mucho mayor para los campesinos y empresas ganaderas.

La agresividad y fortaleza de este animal, el cual es capaz de eviscerar a un caballo si se siente acorralado, hace que ningún mortal se atreva a sacarlos de los fangueros en los que se sienten tan a gusto.

Cada año los cazadores contratados por el Estado matan unos mil ejemplares tan solo en el centro del país. Esta es la única forma que se ha encontrado para controlar de alguna manera la expansión frenética de esta especie en la Isla.


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