Las bodegas en Cuba… de la abundancia a la escasez

Prácticamente en cada esquina de Cuba existía una bodega. En ellas, además de haber en existencia cuanto se pudiera imaginar, se servía un delicioso café y era muy común presenciar a no pocos vecinos conversando al tiempo que se apertrechaban de toda clase de víveres.

En las bodegas se entablaban conversaciones que iban desde los pormenores del día hasta cuestiones políticas. Por allí pasaban todos a comprar lo que hiciese falta y a ventilar los asuntos del barrio.

En algunas de aquellas bodegas se servía un café rico, delicioso. El ambiente era de vecinos conversando y comprando víveres u otros muchos productos.  Así fueron las bodegas cubanas en sus inicios.

Luego de triunfo de la Revolución cubana, el Gobierno intervino los negocios privados y retiró la propiedad de estos establecimientos a los bodegueros. De seguro sin prever la magnitud de las consecuencias de la transformación social que semejante proceder conllevaría para el pueblo.

Lo primero que “se fue del aire” fueron las familias que muchas veces vivían en casas encima de estas bodegas o en pequeños cuartos al fondo las mismas en el caso de los más humildes.

Al limitar la venta de alcoholes y alimentos, la gestión comercial de las bodegas se redujo al mínimo. Además, también se eliminaron las famosas “quincallas” y se ajustaron los horarios de apertura y cierre. Para dar el puntillazo final, se normó el consumo de víveres mediante la implantación de la polémica Libreta de Abastecimientos.

Los horarios de aquellos locales que en muchas ocasiones brindaban servicios hasta altas de la noche fueron ajustados en función del modelo estatal planeado para el “pueblo trabajador”. Tan “jodido” fue el cambio que incluso en la actualidad no son pocos los que tienen que escaparse de sus trabajos para poder sacar los “mandados”.

Las cuentas se siguen sacando a lápiz en las bodegas cubanas, pero desde la década de 1960 se acabó el aquello de las ventas fiadas. Un poco después, fueron desapareciendo los víveres, los licores y hasta los cartuchos.

En algunas esquinas de Cuba resisten las bodegas, con sus respectivos bodegueros que en la mayoría de las ocasiones tienen que volverse magos para que los ratones no devoren la mercancía.

Todo es triste, oscuro y feo en los anaqueles vacíos donde cada vez hay menos que comprar, pues luego de ser testigos de la abundancia de otros tiempos, hoy se mantienen en pie con el recuerdo de lo que un día presenciaron.


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