La pesadilla de vivir en un albergue en Cuba

Hace unos 30 años, quizás un poco más, el motel para parejas ubicado en 11 y 24 del Vedado, se encontraba entre los mejores de la capital de cubana.

Joel, a sus sesenta y tantos años, recuerda las habitaciones climatizadas y las neveras repletas de cerveza. Fue justamente en esta posada donde por primera vez hizo el amor con su esposa.

Ha pasado mucho tiempo desde ese entonces. Casualmente, la vida los ha llevado de vuelta al mismo motel en el que antaño dieron rienda suelta a sus amoríos. Sin embargo, ahora se encuentran en calidad de albergados. En la Isla, ser albergado es quizás el último de los eslabones en la cadena de la pobreza.

Cuando un cubano se queda sin casa por un derrumbe o por haber sido declarada esta inhabitable por los funcionarios de vivienda, la opción que va quedando es residir en uno de estos albergues estatales.

“Es lo más parecido a estar preso. Las personas llegan bajo la falsa promesa que a los cinco años como máximo les darán casa, pero hay familias que han pasado veinte años o más en condición de albergados. Vivimos frustrados. Ya nos cansamos de reclamar una casa digna en la que vivir”, cuenta Joel.

En esta ex posada de la barriada del Vedado residen actualmente más de 20 núcleos familiares. El que menos lleva, ya ha estado 10 años allí.

Josefina también reside allí. Desde hace más de 10 años que comparte un cuarto con otros cinco miembros de su familia, los cuales tienen que dormir en dos camas. Junto al reducido espacio, tienen habilitado un pequeño baño que siempre tiene un fuerte olor a orine.

El patio común donde tienden sus ropas está inundado de aguas albañales la mayor parte del tiempo. En las noches, los albergados acostumbran a sentarse en viejas sillas y pedazos de bloque a conversar y coger un poco de fresco antes de irse a dormir.

Josefina fue a parar a ese albergue cuando su antigua casa, ubicada en H entre 9 y 11, en el mismo Vedado, se vino abajo. En aquel momento le prometieron que su estancia en el sitio sería temporal, pero hasta el sol de hoy nadie le ha dado noticias de su caso.

“A todos nos tienen aquí engañados. Ya nadie se cree la historia que el gobierno resolverá nuestros problemas. Ya han pasado más de 12 años. Si hasta ahora nadie se ha preocupado por nosotros, no creo que lo hagan en el futuro”, dice Josefina.

Las noticias no son nada alentadoras. El Instituto de la Vivienda, en varias ocasiones, se ha encargado de dejar claro que el fondo habitacional en el país es muy bajo y que la situación para dar casas es muy compleja.

El paso de los años y las inclemencias del tiempo han provocado derrumbes a lo largo y ancho de Cuba. El gobierno, no cuenta con una solución a mano para estas familias que se han quedado sin techo y tan solo les pide que tengan paciencia. Tan solo en la Habana, existen más de dos docenas de albergues. Todos en pésimas condiciones constructivas.

A quienes residen en estos albergues solo les queda soñar con que un día podrán tener un hogar digno. No obstante, como marchan las cosas en Cuba, entre abolición de subsidios, despidos laborales y la crisis económica, algunos como Joel, ya están resignados que albergues como la ex posada de 11 y 24, será su residencia de por vida.

“Yo creo que saldré de este sitio hacia el Cementerio de Colón, cuando Dios pase a recogerme”, comenta Joel sin ninguna esperanza. Por cierto, la distancia entre la necrópolis y el albergue es bastante corta.


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