Bombas rodantes… los carros en Cuba que caminan con gas de cocina

Son más de las 10 de la mañana y Yaniel, quien lleva aproximadamente una hora intentando coger un taxi privado en la Avenida 51, se va desesperando.

“En el periódico Granma leí una noticia que hablaba sobre los taxis que se mueven de manera artesanal con gas. Todos los días me subo mínimo en tres taxis. Algunos tienen una peste a luz brillante (kerosene) que cuando uno se baja se le queda pegada en la ropa. Además, de viajar tanto tiempo con la cabeza encogida le da hasta dolor en el cuello a uno”, cuenta Yaniel.

Las condiciones técnicas de buena parte de estos taxis particulares dejan mucho que desear. En el caso de los jeeps se les incorporan asientos extras para que puedan cargar más pasajeros. Estos autos, se mantienen dando guerra por el ingenio de los mecánicos de la Isla.

Por las calles de La Habana circulan autos de más de 70 años de explotación. Su carrocería original ha sufrido no pocos cambios, al igual que su corazón mecánico. Muy pocos se mantienen con sus piezas originales, ya que la gran mayoría son una especie de Frankesteins.

Un ejemplo de esto es el carro de Carlos Antonio, un Ford de 1944 que tiene componentes de al menos seis países diferentes.

“El motor es alemán del año 96. El timón es de un lado ruso de los 80. Los frenos son japoneses. La caja de velocidad italiana del 2001. El radiador sé que es húngaro, pero no tengo idea del año” señala.

Al referirse a estas “bombas rodantes” que circulan por la capital cubana, Carlos Antonio se muestra receloso.

“En el taxi me paso hasta doce horas todos los días. No creo que los choferes se la vayan a jugar al conducir un auto que funcione con gas de cocina sin las debidas condiciones técnicas. Mayormente, estos autos se mueven en horas de la noche, cuando hay mucho menos policías en la calle y los inspectores ya están fuera de su horario laboral. Por lo general, los motores son italianos o brasileños”, aclara Carlos Antonio.

Las autoridades cubanas no piensan igual que Carlos Antonio. Según Roberto Rodríguez Fernández, segundo jefe de la Dirección Nacional de Tránsito, cada año son más de 100 los vehículos que funcionan con gas que son detectados por los agentes de tránsito.

“El peligro asociado a este tipo de ilegalidad hace que la policía ponga su máximo rigor para enfrentarla. El peso de la ley debe evitar que ocurran accidentes con nefastas consecuencias tanto para la vida del chofer, como la de sus pasajeros. El solo hecho de una pérdida de gas que entre en contacto con un cortocircuito puede hacer que se produzca una explosión en plena calle”, señaló hace algún tiempo una nota al respecto publicada por el periódico oficialista Granma.

En las inmediaciones de Prado y Neptuno, en La Habana, varios taxistas hacen estancia antes de lanzarse en un recorrido en modalidad “taxi directo a la puerta de la casa”. Sobre estos autos de gas, ninguno conoce de ningún ejemplo. Al menos por allí, no se parquean estos vehículos.

“Si me han dicho que existen y tengo curiosidad de ver alguno. El motivo es muy simple. Ahorrarse dinero”, cuenta uno de los choferes.

Quienes sean detenidos por manejar un auto que funcione con gas de cocina son sancionados con cuantiosas multas y el decomiso del tanque de gas de gas. A su vez, se les puede retirar la licencia y, si se comprueba riesgo evidente en la transportación de pasajeros, hasta pueden perder el auto.

Como suele suceder en situaciones similares, hasta que no ocurra una tragedia, la gente es no hace mucho caso y no mide las consecuencias.


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