La libreta de abastecimiento, el fósil histórico de la Revolución

Implantada por el ya fallecido ex gobernante Fidel Castro para hacer frente a la escasez de alimentos, la libreta de racionamiento en Cuba ha despertado sentimientos encontrados a lo largo de los años: para unos es una especie de garantía de recibir al menos lo mínimo a precios subsidiados, aunque para otros no es más que un símbolo de pobreza.

Es una cartilla de pésima cartulina y varias hojas, donde el bodeguero va apuntando los alimentos que el Estado vende mensualmente de forma racionada a sus ciudadanos.

Antes del llamado “Período Especial”, donde los cubanos se las vieron negra con los apagones y para calmar el hambre tuvieron que comer hasta cáscaras de plátano, la libreta te permitía comprar aceite y carne de res cada quince días.

¿El mayor logro de la Revolución cubana o su carga más ineficiente y onerosa?

Durante un tiempo, el gobierno de Fidel Castro se permitió incluso el lujo de vender latas de leche condensada y botellas de cerveza por la libreta.

Luego de aquella guerra sin tiros que fue el período especial, los alimentos de la llamada casta básica se redujeron exponencialmente. Así, de la libreta paso a paso se retiraron productos como los cigarrillos, los habanos, la pasta dentífrica, el jabón o el puré de tomate. Ahora llegan algunos huevos y raciones de aceite, arroz, azúcar, frijol, pan, pollo y café, que máximo alcanzan para dos semanas.

En 2010, después que los cubanos llevaban más de cuatro décadas habituados a adquirir productos alimentarios de forma racionada, Raúl Castro dijo que “resultaba incosteable mantener una serie de gratuidades”. Son baratos, es cierto. Pero lo ofrecido por la libreta solo alcanza para comer durante diez días. Después, arréglatelas como puedas.

De solucionar, la libreta nunca ha solucionado nada, aunque no se le puede negar que ayuda a paliar la situación alimenticia al menos durante los primeros días del mes.

La libreta retrata las diferentes visiones que caben en la Cuba actual.

De manera intermitente, en la isla circula el rumor de que a la longeva cartilla le llegó su hora final. Luego, se desvanece y por momentos desaparece la bola sobre su próxima desaparición.

Para muchos cubanos de a pie, es una interrogante recurrente si, cuando ya no haya libreta (si llega a irse realmente alguna vez) se podrán seguir adquiriendo alimentos a precios asequibles, como el arroz y los frijoles, el alimento habitual de los cubanos.

La carne, bien gracias. Hace años que la carne de res desapareció en combate, y la de cerdo y carnero han ido encareciendo y cada vez menos personas la pueden consumir regularmente.

Hoy día la libreta es un fósil histórico (aunque sus cualidades represivas continúan): “Hay gente que engorda a los 50 años, pero la libreta adelgaza, lo que ha hecho es bajar de peso”, dijo “Pánfilo”, de 28 páginas pasó a 20, por la paulatina eliminación de productos.


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