Ciego Montero, las aguas medicinales cubanas que se convirtieron en leyenda

Cuenta la leyenda que la noche cayó como una maldición sobre la espalda de un esclavo que recordaba los castigos del mayoral. Los gritos que se escaparon de su pecho fueron tan aterradores que llegaron a arquear a la luna. Su alma se desvaneció entre los campos. Su piel tenía grandes llagas, por lo que “su mercé” lo redimió del látigo y el castigo.

Se dice que el esclavo se desplomó a la espera de su muerte y que sus párpados fueron apagándose. La Parca nunca llegó a la cita, por lo que la vida volvió a brotar en el pecho del esclavo. Aquellas aguas calientes fueron la mejor bendición de su vida. Desde ese momento, el sitio fue conocido por sus propiedades curativas.

Diego Elbicio era el entonces propietario de estas tierras. A él se le ocurrió manda a analizar las aguas y así descubrió que era un manantial de aguas sulfurosas. El siguiente dueño decidió ir más allá y se construyó una casa de baños y un hostal para recibir gente. Fue aquella finca la que se llamó Baños de Ciego Montero y el nombre ha quedado para siempre.

La gente de todo Cuba venía a tratar su cuerpo en estas aguas y a partir de 1909, con la construcción de la carretera y la estación del ferrocarril más gente pudo acercarse. Los baños en aquel entonces eran muy rústicos, con pisos de madera alrededor del pozo, pero cuando la propiedad cambia de manos nuevamente se hacen modificaciones. A lo largo del siglo XX se construyen las piscinas, los edificios y hasta una iglesia en la que hoy se hacen trabajos de fisioterapia.

Un gran blosón de aguas mineromedicinales descansa bajo las tierras de Ciego Montero. Tras el triunfo de la revolución cubana, en enero de 1959, el sitio pasó a manos de Estado y se añadió toda una gama de servicios complementarios al uso de las aguas termales.

Vista de la instalación principal del balneario cienfueguero.

Llegar al balneario no es solamente encontrar remedio para los padecimientos, sino también el encuentro silencioso con las huellas de quienes han visitado el lugar para sanar sus enfermedades.

Existen dos grandes piscinas con agua caliente y una tercer fría. A su vez, en el sitio se encuentran habilitadas varias pocetas individuales y la posibilidad de bañarse en el chorro. En este último, las aguas poseen una mayor concentración de minerales.

Tradicionalmente ha sido un sitio muy visitado en busca de tratamientos para la salud, sobre todo por pacientes con padecimientos reumáticos, artritis, artrosis, traumatismos, accidentes encefálicos, dolores musculares y polineuropatías, entre otros.

Funcionan dos piscinas de gran tamaño con agua caliente y una tercera fría, además de las pocetas individuales y el baño en el chorro

El sistema de flujo de agua lo constituye un pozo de 200 metros, el cual garantiza la caída constante del líquido.

Para no pocos el calentamiento y el poder curativo de las aguas de Ciego Montero es todo un misterio, aunque algunos entendidos aseguran que se debe a la reacción que se produce entre el magnesio, azufre, cobre y otros elementos que otorgan un efecto medicinal a las aguas.

Unas 800 personas con un promedio de 70 años de edad lo visitan anualmente. Predominan las mujeres y la experiencia de la rehabilitación positiva de niños.


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