Comprar un “cacharrito” en Cuba cuesta lo mismo que un Audi del año en Miami

En Cuba, con dinero en mano, hay para satisfacer todos los gustos en materia de autos. Lo mismo puede encontrarse un Ford bien cuidado del 54, un cola de pato, un Chevy de los 40 o un camión General Motors del 56 que parece recién salido de fábrica. Cuba es quizás el único país del mundo en el que por sus calles circulan miles de autos y camiones norteamericanos de mediados del siglo XX.

Sin dudas alguna es el mayor museo al aire libre que existe de esa época. Como no es asequible comprar autos al gobierno y, debido al pésimo funcionamiento de transporte estatal, no son pocos los que deciden comprar un coche con fecha de fabricación de hace varias décadas.

Según José Santiago, quien pretende dedicarse al negocio de taxis de alquiler, en unos siete años pretende recuperar la inversión que realizará al comprar uno de esos antiguos autos.

En Cuba, la compra venta de coches solo es permitida a aquellos dueños que tengan traspaso. Un ejemplo de esto es el caso de los llamados almendrones (viejos autos americanos), ya que sus propietarios se hicieron con ellos antes que Fidel Castro llegase al poder.

“Lo más seguro es que un Ford un Chevrolet de esa época hayan pasado por lo menos por diez dueños distintos. En la década del 80 uno se podía comprar un Chevrolet del 57 por unos 3000 pesos. En la actualidad no se bajan de los 20.000 CUC”, comenta Diego, quien conserva un Ford Austin de los 40 que por donde quiera que pasa causa sensación por su excelente estado de conservación.

Ni de lejos la explicación de todo esto tiene su base en que los cubanos sean amantes de las antiguallas automovilísticas, sino que no tienen ninguna otra opción a la que puedan echar mano.

“Claro que sí. Yo preferiría con los ojos cerrados manejar un Audi o cualquier otro auto modernos con aire acondicionado y ordenador, pero tengo los pies puestos en la tierra, aquí eso es casi imposible”, asegura Luis.

Las agencias estatales de turismo celebran desfiles todos los años en los que se puede ver lo mismo desde un Ford de 1918, hasta las más raras versiones que tan solo se fabricaron en ediciones limitadas.

Para el cubano de a pie, cuando anda apurado, lo más barato y rápido es subirse a uno de los llamados almendrones que circulan por las principales arterias de la capital. Cobran entre 10 o 20 pesos y funcionan con mucha más frecuencia que las alternativas estatales.

La capacidad de los mecánicos que han hecho que estos antiguos coches se mantengan en funcionamiento es digna de admirar. De seguro, hasta los ingenieros de la General Motors se quedarían impresionados al ver las múltiples soluciones criollas a las que se han tenido que echar mano ante la carencia de piezas de repuesto.

En Cuba circulan verdaderos Frankesteins mecánicos. Con motores de un autos rusos, transmisiones de coches españoles de la era de Franco y cajas de velocidad de Alfa Romeo italianos de los año 70. Sus duras carrocerías, fabricadas con el abundante acero del material bélico de la II Guerra Mundial, han sido maquilladas en incontables ocasiones.

Si usted quiere saber si es cierto que los dueños de estos los cuidan como si fuese la niña de sus ojos, puede subirse a un almendrón en cualquier punto de La Habana y, al momento de bajarse, lo más seguro es que escuche como le dicen “No me tire la puerta por favor”.

Para quienes viven de este negocio es de vital importancia conservar durante el mayor tiempo posible sus autos, ya que están conscientes que de ellos depende el sustento de su familia.


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