El negocio clandestino de la pacotilla en Cuba

Cuando se trata de tiendas particulares, en Cuba hay para escoger. En algunas es posible encontrar artículos artesanales, mientras que otras están tan surtidas que nada tienen que envidiar a las sucursales cubanas de Zara o Adidas.

Un ejemplo de esto es la propia casa de Rufino, en la cual se vende hasta por encargo. Al llegar nos recibe su esposa con una sonrisa de comercial de pasta de dientes. Te lleva a una habitación en la que de sus paredes cuelgan numerosas perchas de ropa de marca y zapateras con calzado para todos los gustos. Nike, Adidas, New Balance, zapatos italianos y brasileños de cuero. Camisas y vaqueros Guess y Levi’s. Pulovers Chemise Lacoste y vestidos de Mango, son solo algunas de las ofertas.

Sin dejar nunca de sonreír, la mujer nos muestra otra habitación en la que se encuentran organizados los juguetes por edades y los equipos electrodomésticos.

“Todo lo que pueden encontrar aquí es de calidad. Además, yo les doy 30 días de garantía para los equipos. El precio es mucho menor que el de las tiendas”, nos cuenta en alta voz.

En el patio de la casa existe una especie de ferretería en la que se pueden encontrar azulejos, mezcladoras, duchas cuadradas, herrajes verticales y otros artículos de este tipo. Rufino, quien se fuma un cigarro en el patio, nos sugiere que si lo que estamos buscando no lo vemos, que se lo podemos encargar y él lo consigue en unos días.

Este tipo de tiendas que opera de manera ilegal se ha puesto muy de moda en la capital en los últimos años. Su objetivo es ganar clientes que buscan un precio más económico que las opciones estatales.

Otro de los que se dedica al negocio de la pacotilla es Ernesto, cuyo título de Licenciado de Historia de Cuba reposa en una de sus gavetas.

“Vender pacotillas de mucho más dinero que lo que yo estudié. Un día le dije a mi familia de Miami que me prestara un dinerito para invertir, que en vez de los 200 CUC que me mandaban todos los meses, que mejor me prestaran 5000 de un solo golpe y así yo poder levantar mi negocito. En año y medio les pude devolver hasta el último peso”, cuenta Ernesto. Y añade:

“En la casa vendo ropa para todo tipo de bolsillos, y si alguien está buscando alguna exclusividad, entonces sin lío se las encargo”.

El dinero para comprar pacotilla proviene en su mayoría de las remesas familiares de los cubanos que se encuentran fuera de la Isla, sobre todo de los residentes en Estados Unidos. A su vez, el jineterismo también es uno de los fuertes clientes de este negocio, ya que quienes lo ejercen se gastan no pocos pesos en calzados, ropas de marca y perfume.

Cuando el dólar se despenalizó en Cuba en 1993, en el país surgieron las llamadas tiendas recaudadoras de divisas (mejor conocidas como shoppings). Para los más pudientes se habilitaron paralelamente las boutiques, donde se vendían (y se venden) artículos de supuestamente alta calidad a precio de infarto.

Al mismo tiempo, brotó clandestinamente un mercado dedicado a comprar y vender ropa, calzado, bisutería, perfumes, juguetes y hasta ordenadores y televisores de pantalla plana.

Este negocio de llevar mercancía a la Isla para abastecer el mercado negro se alimenta de diversas fuentes, la más lejana quizás sea Rusia, donde las personas viajan a buscar piezas de autos: de Guyana y Haití traen calzados y ropa, desde Panamá equipos electrónicos y computadoras, que pueden incluir cintas de colores para cumpleaños infantiles y cámaras profesionales de vídeo.


Mantente actualizado en tiempo real a través de nuestro canal de Telegram:

CubaCute en Telegram


Este sitio web utiliza cookies para mejorar su experiencia. Asumiremos que estás de acuerdo con esto, pero puedes optar por no hacerlo si lo deseas. Aceptar Leer más