Fulgencio Batista ¿católico por delante y brujero por detrás?

El expresidente cubano Fulgencio Batista se presentó siempre ante el pueblo con una imagen de fervoroso católico. Sin embargo, muy pocos conocen que, por “detrás de la fachada”, se dice que le metía muy fuerte a la santería y buscaba la protección de los orishas.

Algunos aseguran incluso que, bajos las mangas de su siempre impecable traje de dril blanco se escondía una mano de Orula y que era hijo de Changó.

Según se dice, Batista era ahijado de Bernardo Rojas, uno de los babalawos más reconocidos de su época, quien llegó incluso a alertar a Batista de que intentarían asesinarlo en el propio Palacio (aunque con lo convulsa que estaba Cuba durante su último mandato tampoco había que estar en contacto con los dioses para adivinar algo así).

Algunos entendidos aseguran que el General había estado buscando la protección de los santos desde el año 1933, cuando comenzó a dar sus primeros pasos en la política. A partir de ese entonces, estuvo en contacto con el mayombero Chano Betangó y con la santera Isabel Kolá.

Una entrevista a Chano, publicada tras la huida de Batista en 1959, parece confirmarlo todo. En ella, el sacerdote aseguró que Batista fue a su encuentro ante de los dos golpes de Estado que llevó a cabo en Cuba. En ambas ocasiones, se mostró interesado en saber si lo santos lo favorecían y que se había marchado más confiado al escuchar las predicciones.

Algo muy distinto a lo que sucedió tras las elecciones de 1954 en las que el mayombero le informó que los “caminos” del general “se estaban cerrando”.

Durante una entrevista concedida a Amaury Pérez, para el televisivo “Con dos que se quieran”, Natalia Bolívar confirmó que Batista era un mayombero (Regla de Palo Monte) iniciado en Sancti Spíritus, que tenía hecho Santo (Regla de Osha) y que poseía su casa de Ifá (Babalawo) por la cual se regía.

Según Bolívar, Batista logró escaparse del asalto a Palacio presidencial porque hizo caso a las profecías de la Letra del Año, las cuales vaticinaban que el máximo líder político del país debía contar con una salida secreta, como la que presuntamente fue construida después en la parte trasera de su escritorio.

Algunas personalidades cercanas a Batista defendieron siempre que este era un católico convencido y que todas las alusiones a sus presuntas inclinaciones religiosas no fueron más que patrañas creadas y difundidas por sus adversarios.

 


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