El vendedor de helados: una vieja estampa cubana

Entre los personajes más queridos que andan y desandan las calles de Cuba ofreciendo su mercancía se encuentra el vendedor de helados o heladero, como también se le conoce en la Isla. Empujando un carrito, desde un carretón o en los célebres carritos de helados recorrían y aún recorren las calles del país para ayudar a mitigar el intenso calor del clima caribeño.

Hielo americano para el helado cubano

Hay que aclarar que, hasta mediados del siglo XIX, el helado era un lujo que sólo podían permitirse unos pocos, pues en Cuba no existían fábricas de hielo. Este producto se importaba desde los Estados Unidos y, una vez en la Isla, era adquirido por los comerciantes minoristas que le daban múltiples usos, entre ellos la elaboración de helados, que se vendían a altos precios en los establecimientos más exclusivos.

Con la llegada de la modernidad y la construcción de fábricas de hielo en Cuba, este bajó de precio y pudieron los helados convertirse en un alimento de alcance popular. Fue entonces que su consumo rebasó la frontera de los cafés, bodegones y fondas y saltó a la calle… Había surgido el vendedor ambulante de helados.

Este personaje llevaba los helados hasta la puerta misma de las casas de sus clientes. Para ello se servía lo mismo de un carrito de manos que de un carretón tirado por caballos. Como el barquillo o cucurucho no se inventaría en los Estados Unidos hasta la segunda década del siglo XX, y a Cuba llegaría mucho después, los primeros vendedores de helados siempre cargaban con copas o vasos para que los clientes pudieran consumir su mercancía en cualquier lugar.

Guarina, Hatuey, San Bernardo y muchos más

En la misma medida en que la producción de leche se fue industrializando aumentó el número de heladeros en Cuba. A mediados de la década de 1950 la fábrica Guarina distribuía su exquisitos helados por toda la Isla; pero su gran producción era adquirida también por un ejército ambulante de vendedores que, empujando el típico carrito, comercializaban el producto allí donde la flotilla de camiones de la compañía no podía llegar.

Además de Guarina, sin dudas la más recordada, a mediados del siglo pasado otras compañías se habían establecido firmemente en el negocio heladero en Cuba y contaban con sus propias redes de distribución. Entre las marcas más famosas se pueden mencionar los helados Hatuey, El Gallito o San Bernardo. Todas ellas provocaron el deleite de nuestros padres y abuelos que aún las evocan tras el paso implacable del tiempo.


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