¿Es la educación que reciben los niños en Cuba igual a la que recibieron sus padres?

Cada septiembre (en este año de forma atípica por la pandemia del coronavirus ocurrirá el 2 de noviembre) miles de profesores y maestros se alistan a lo largo y ancho de Cuba para continuar una de las tareas más importantes de cualquier sociedad civilizada: preparar a los niños y jóvenes para el futuro, la educación.

Todos los niños en Cuba, con independencia de la solvencia económica de sus familias o su lugar de residencia asisten a la escuela. Las enseñanzas primaria y secundaria son obligatorias y una vez concluidas estas la mayor parte de los adolescentes continúa hacia el preuniversitario y no pocos llegan a la universidad.

Los organismos de la ONU reconocen los logros de Cuba en materia de educación y aplauden los esfuerzos del Gobierno de la Isla en este sentido.

Sin embargo, la educación en la mayor de las Antillas dista mucho de los niveles de excelencia que en el pasado la enorgullecieron.

La génesis de todos los problemas que afectan la enseñanza en Cuba (sobre todo en los niveles primario y secundario) hay que buscarla en la crisis económica que, desde la caída del campo socialista y la desaparición de la Unión Soviética, sufre el país.

Es cierto que el Estado cubano sigue destinando una parte importante del presupuesto a Educación, pero los maestros cubanos se encuentran muy mal pagados tomando en consideración la pérdida de valor adquisitivo del peso cubano, el aumento del costo de la vida y la inflación.

Esto ha generado un rechazo en los jóvenes de mejor formación académica hacia la posibilidad de convertirse en maestros.

En la misma medida en que los “maestros viejos” pasan a retiro y se incrementa la formación “exprés” de nuevos docentes con aspirantes cada vez menos calificados es inevitable que la calidad global del claustro se recienta y esto incida negativamente en los educandos.

Al grave problema que representa tener maestros cada vez más mediocres se suma el éxodo del personal docente y de apoyo hacia otros sectores mejor remunerados.

El Estado cubano se siente desesperado ante una situación que no puede controlar y apela al “compromiso” de los maestros que quedan frente a las aulas, cada vez más sobrecargados de trabajo (y con el mismo salario).

La sobrecarga de trabajo impide, además, a los maestros el acceso al pluriempleo, pues deben permanecer todo el tiempo frente a sus puestos de trabajo.

Cada vez que comienza un nuevo curso las autoridades cubanas hacen un llamado a cubrir todas las aulas por los medios que sean necesarios. Así y todo, al llegar septiembre, son muchos los niños que no cuentan con maestros.

Sólo una reforma salarial integral que dignifique en el orden material el oficio de maestro podrá resolver en parte los graves problemas de la educación cubana que año tras año se aleja de la excelencia que sorprendió al mundo.


Mantente actualizado en tiempo real a través de nuestro canal de Telegram:

CubaCute en Telegram


Este sitio web utiliza cookies para mejorar su experiencia. Asumiremos que estás de acuerdo con esto, pero puedes optar por no hacerlo si lo deseas. Aceptar Leer más