El tráfico ilegal de Polymitas en Cuba pone en riesgo de extinción a los caracoles más hermosos del mundo

Sus conchas adoptan en una amplia variedad de colores: amarillo pastel y rosa, rojo teja y negro, blanco perlado y ocre. Independientemente del tono, las marcas de las seis especies de caracoles pintados de Cuba, su nombre común, acentúan la forma verticilada de sus conchas del tamaño de una uva, que forman un remolino sobre sí mismas. Uno puede perderse contemplando estas maravillas de la naturaleza, como si estuviera mirando una escalera de colores caprichosos que se extiende hasta el infinito.

Cuba alberga la mayor diversidad de caracoles del mundo, pero ningún otro tiene conchas con una gama de colores tan amplia ni patrones tan complejos. Los caracoles pintados, del género Polymita, han sido codiciados durante años por los coleccionistas, que venden las conchas a los turistas o en el extranjero, sobre todo en los Estados Unidos y Europa.

Esta demanda es una de las razones por las que Cuba ha clasificado a los seis caracoles como especies en peligro crítico de extinción y por eso durante más de una década ha sido ilegal capturar a estos caracoles en el medio natural. La Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES, por sus siglas en inglés), que regula el comercio global de especies silvestres, prohíbe su compraventa desde 2017.

Los caracoles pintados viven en un delgado cinturón de vegetación a lo largo de la costa este de Cuba. Aunque los científicos no saben cuántos caracoles pintados hay, han descubierto que ocupan áreas pequeñas porque dependen de microhábitats con la proporción de plantas adecuada. Los Polymita sulphurosa, por ejemplo, una de las seis con colores más vivos, se observa solo en unos pocos kilómetros cuadrados cerca del parque nacional Alejandro de Humboldt, donde abundan las especies silvestres.

Entre 2012 y 2016, el departamento de aduanas de Cuba realizó 15 incautaciones con un total de más de 23 000 conchas de caracoles polymitas destinados a Estados Unidos. Según Adrián González Guillén, experto en caracoles y fotógrafo afincado en Cuba, la prohibición de la CITES no ha detenido el comercio ilegal, principalmente a Estados Unidos, España y a varios países asiáticos.

González Guillén dice que los funcionarios de aduanas son “muy eficaces” a la hora de impedir que los turistas saquen pequeñas cantidades de conchas del país, pero los grandes cargamentos siguen saliendo. “El verdadero comercio ilegal destinado al mercado negro está vinculado a un equipo de personas bien organizado”, dice.

El departamento de Aduanas de Cuba y el Ministerio del Interior no respondieron a numerosas solicitudes de comentarios sobre el comercio ilegal de caracoles.

Las conchas de caracol pintado están disponibles en páginas web de los Estados Unidos, España y Taiwán. Había cientos de conchas disponibles en eBay, pero cuando nuestra redacción preguntó a la portavoz de eBay, Ashley Settle, acerca de estos anuncios, ella respondió que habían violado la norma de la empresa de no vender productos de especies silvestres prohibidos conforme a la CITES. Cuarenta y ocho horas después, la mayoría de los anuncios habían sido eliminados.

Recoger y vender caracoles pintados en Cuba puede conllevar a multas de hasta 20 dólares por incidente. Sin embargo, los vendedores no ofrecen públicamente conchas de Polymita, y lo ofrecen solo a las personas que preguntan por ellos.


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