Cementerio de Guantánamo, un “almacén de cadáveres” que a nadie en el Gobierno importa

Si el Estado asumiera sus responsabilidades e iniciara un proceso de restauración, el cementerio San Rafael en Guantánamo podría salvar algo de su valor patrimonial.

Sin embargo, esto no parece que vaya a suceder en breve plazo y el camposanto presenta un estado ruinoso.

Se ha convertido en un “almacén de cadáveres”, se quejan con razón pobladores, instituciones y especialistas de arquitectura y cultura.

No es para menos, pues en los 400 metros cuadrados de superficie y 6 512 bóvedas del cementerio San Rafael no hay estructura que no presente daños a consecuencia del paso del tiempo, el abandono y los actos vandálicos.

Es perentorio que las autoridades tomen medidas que permitan revertir esta situación, pues los cementerios son verdaderos museos a cielo abierto que guardan en su interior construcciones y obras de arte de los más variados estilos.

En el caso particular del cementerio San Rafael en Guantánamo se destacan monumentos funerarios como los de las familias Creagh, Rodríguez-Silva, Labarraque, Brauet y Chivás, Salcines que representan el núcleo fundamental de este tipo de construcciones en Guantánamo.

Cierto que el cementerio de Guantánamo no posee la grandeza de otros camposantos cubanos como Colón, Santa Ifigenia o Reina; pero constituye un patrimonio notable de la cultura de la Ciudad del Guaso, y sólo por esa razón las autoridades locales deberían preocuparse un poco más por el calamitoso estado en que se encuentra.

“En las mejores piezas arquitectónicas de ese sitio del reposo, suelen hallarse integrados elementos del art nouveau con el neoclásico, rasgos del barroco junto al gótico o la presencia del art-deco”, expresa el escritor Rissell Parra Fontanilles en su obra La ciudad del reposo (2004), dedicada al cementerio San Rafael.

Aunque las bóvedas sean propiedades particulares y legalmente su conservación sea responsabilidad de los dueños, se hace urgente que el Gobierno local, Servicios Comunales y Patrimonio, brinde asesoría técnica y se impliquen directamente en esa labor para proteger el cementerio y rescatar lo que se pueda de sus valores patrimoniales.

Una de las acciones inmediatas que pudieran acometer las autoridades sería reforzar la protección del camposanto, pues este se encuentra a merced de los vándalos que roban los objetos de valor de las bóvedas, incluyendo las argollas de bronce de las tapas de las tumbas.

También las autoridades de Comunales deberían mantener la limpieza de los pasillos interiores y las calles del cementerio y trabajar en un sistema de drenaje adecuado, pues el mal estado de este provoca afectaciones que van más allá de los muros del cementerio, como consecuencia de la fetidez y los gases contaminantes que desprenden los cadáveres en descomposición.

Aún cuando se construye un nuevo camposanto a distancia apropiada de la zona urbana urge preservar el de San Rafael, de lo contrario sucederá lo que pasa siempre con las construcciones de alto valor patrimonial que se pierden para siempre por la indiferencia de los que debían conservarlas.


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