Los Tres Reyes Magos este año también se olvidaron de los niños en Cuba

Las tradiciones navideñas van, vienen y se derivan en un sinfín de festividades o deidades a las que rendir tributo: San Nicolás, Kris Kringle, Padre Navidad, Santa Claus o Papá Noel o como les de la gana de llamarle en cada rincón al que, según las leyendas, se traslada casi víspera de la Navidad.

Algunos celebran con más alegría una tradición que otra, pero otros muchos, como los cubanos, deciden intentar festejar tanto la Navidad como la llegada de los Reyes Magos, porque ¿por qué quitarle a las niñas y niños más oportunidades para recibir regalos?

Por mi casa no asomaban la cabeza ni Santa ni los Reyes, lo que resultaba un poco vergonzoso cuando volvíamos a la escuela y todos los demás fiñes aprovechaban para mostrar sus últimas adquisiciones recreacionales; por suerte, nunca me importó: un juguete más, un juguete menos.

Pero hay muchísimos que, con la gradual apertura a todo un espectro religioso otrora forzado a la oscuridad en un país primero ateo, luego laico, celebran el nacimiento de Jesús y la epifanía de este ante sus majestades, con bombo y platillo.

Sin embargo, estas fechas cada vez se tornan más difíciles de superar cuando no hay juguetes, ni dulces estacionales para los reyes, ni… lo que sea que coman los camellos.

Las generaciones de mis padres, por ejemplo, nacidas en los 60 y 70, crecían sin nociones de las fiestas navideñas, y cuando chocaban con el mundo fuera de las fronteras, no tenían idea de qué era la Navidad o porqué se entregaban regalos a los niños, rechinando los dientes pensando en los pocos juguetes que les tocaban al año, bajo los carteles de “básico”, “no básico”, y “dirigido”.

Las “malas influencias del modo de producción capitalista y la comercialización insana” han sido el pretexto perfecto para que nuestros abuelos no repartan obsequios entre los nietos que, naciendo en una época completamente distinta, esperan el árbol, y los adornos, y los regalos.

Los últimos tiempos han visto el renacimiento de tradiciones ajenas al sistema político que Fidel Castro impuso en la isla, al punto de que ya no se visualiza el panorama navideño en Cuba sin un arbolito adornado o luces de colores por todas partes, o muñecos de Santa, en hogares y negocios privados.

Los progenitores pasan horas en colas de tiendas para adquirir juguetes chinos a precios de Chanel N° 5, proceso que, con la escasez que ha caracterizado al año 2020 y que se mantiene con el reseteo del calendario, se ve considerablemente afectado.

Mientras billones de niños, de otras zonas horarias, se encuentran en proceso de cepillarse los dientes para irse a la cama, o ya dormitan, los niños cubanos se acuestan con la tranquilidad con el conocimiento de que mañana se tendrán que levantar para colocarse la pañoleta y repetir la trillada consigna de que intentan ser como el Che.


Mantente actualizado en tiempo real a través de nuestros canales de Telegram:

Noticias minuto a minuto

CubaCute en Telegram

Chatea con otros cubanos y discute de todo cuanto se te ocurre sobre Cuba

Grupo CubaCute en Telegram


Este sitio web utiliza cookies para mejorar su experiencia. Asumiremos que estás de acuerdo con esto, pero puedes optar por no hacerlo si lo deseas. Aceptar Leer más