Cubanos se lanzan a las calles en La Habana a comprar todo lo que puedan almacenar de comida ante el temor de un nuevo cierre

Una inspectora de transporte en una calle muy concurrida de El Vedado habanero trataba firmemente de contener a la molotera de gente que se disponía caótica a subir al transporte en la parada del autobús, mientras les insistía que solo 10 persona podían montarse.

El retroceso de La Habana a la Fase 1 de la recuperación del país frente al virus de la COVID-19, tras el altísimo rebrote de la enfermedad en el último mes, hace que la población capitalina se halle más y más nerviosa.

Las nuevas medidas declaradas abarcan la suspensión indefinida del transporte habanero desde las 9 pm y hasta las 5 am del día siguiente y de todas las actividades de ocio y de cultura, y la restricción rígida del acceso a lugares públicos después de las 7 de la noche, como parques y el Malecón.

El inicio de esta semana se ha notado convulso debido a todas las personas que están tratando de acaparar todos los alimentos y bienes imprescindibles que puedan antes de la presunta nueva cuarentena.

Un joven de 23 años que carga con el cuidado de su abuela declaró que recorrió decenas de tiendas y solo encontró aceite y culeros; volvió con las manos vacías, y para él, el dinero no es un problema, pero si no hay qué comprar, da igual tener el dinero.

Continuó alegando que el desabastecimiento nunca había estado tan notable como ahora; solo va a peor. Donde quiera hay una cola kilométrica, y hasta para comprar cigarros.

Un vendedor ambulante de Nuevo Vedado teme por sus ingresos, porque él no pregona los dulces que vende, sino que toca la puerta de los que sabe que se lo comprarán, pero ahora nadie sabe si lo seguirán aceptando. Conoce perfectamente que lo importante ahora para su negocio es la discreción.

El hombre, antes de seguir por su camino, comentó que seguirá viniendo con cuidado, aunque ya, con lo caro que está todo y lo difícil de conseguir que se torna, le da pena con la gente que compra los productos con los precios subiendo como la espuma.

En Neptuno, los populosos locales de Florida y Sublime amanecieron clausurados por mandato del gobierno provincial, dejando sin actividad laboral a los vendedores con licencia de cuentapropista que operaban en ambos.

Uno de ellos, mientras recoge lastimosamente su mercancía para irse a su hogar, comentaba que el establecimiento, en sí, pertenece a Comercio, pese a que los que trabajen sean trabajadores por cuenta propia y, por tanto, con decisión propia. Cuestionaba, a la vez, que no fueran cerrados los locales multinegocio de la calle Monte, estando en las mismas circunstancias que ellos.

Él, que paga sus impuestos y su cuota por la seguridad social, confesó que estará pendiente de cómo evolucione la situación en Monte, porque “la ley debe ser pareja para todo el mundo” y debe pagar la tarifa eléctrica y los mandados como cualquier trabajador estatal.

En cambio, el otrora fastuoso Mercado de Carlos III, está mejor abastecido que muchas otras tiendas en estos momentos de crisis.

Una señora, mientras coloca en el suelo un cartón sobre el que aguantar la espera, decía encontrarse desde temprano en la mañana en la cola del pollo, o de las salchichas, o de lo que sea que pudiese agarrar para soportar el encierro que ya ve venir, pues tiene “el congelador pelado”.


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