La cruda realidad… el salario alcanza menos en Cuba que antes, a pesar del incremento realizado por el Gobierno

Resignación rima con indignación en las calles de La Habana a medida que los cubanos sufren las consecuencias de la entrada en vigor de la unificación monetaria, el pasado 1 de enero. La brutal inflación de precios que la ha acompañado ha dejado a más de un ciudadano con la cesta de la compra medio vacía… y el mes apenas acaba de comenzar.

“No me alcanzó el dinero. El cambio es muy brusco, o sea es bastante la diferencia entre lo que uno pagaba antes y lo que tiene que pagar ahora. A mí misma me subieron el salario, pero creo que tampoco (me alcanzará)… o sea, al ser tan grande la diferencia no me alcanza, no me va a alcanzar, lo estoy previendo”, afirmaba una mujer tras hacer la compra.

El precio de productos básicos tradicionalmente subvencionados por el Estado se ha disparado. Alimentos, la luz, el agua, el transporte…

Los precios en todo el país se han multiplicado hasta por cinco en el valor que tenían hasta el pasado 31 de diciembre

“Malísimamente, 2 pesos (el nuevo precio del pasaje de autobús), eso es un abuso, en ningún país del mundo (pasa esto), en los países por ahí, al que trabaja le dan la oportunidad de tener un carro para que vaya para el trabajo, aquí no te dan ni una bicicleta”, se lamentaba un anciano tras bajarse del autobús.

“Hay lugares donde hay un cartel que dice que no se acepta CUC. No entendemos eso. Por eso es que está el Banco como esta (abarrotado de gente), la CADECA (Casa de Cambio) como está. Y si estamos luchando por el aislamiento, (por la pandemia) que las personas estén aisladas, entonces siguen las colas peor”, se quejaba otra vecina de La Habana.

La reforma comenzó a planificarse hace ocho años. Sin embargo, su implementación se encuentra con un escenario muy distinto al imaginado. En plena pandemia y en medio de una grave crisis económica acentuada por las sanciones de la administración estadounidense. Esta brutal cuesta de enero podría durar mucho tiempo en la isla.

Muchos cubanos piensan que la subida de salario fue simbólica pues vino acompañada de una dura inflación

En la calle, los cubanos enfrentaban confusión por la unificación de sus dos monedas, que implica la eliminación en un plazo de seis meses del peso convertible (CUC) y la permanencia del peso cubano.

“Vengo yo a pagar con esto” y “no me lo aceptan y eso no lo dijo la televisión”, explica Armando Espinosa, un escenógrafo de teatro de 62 años, mostrando un billete de 20 CUC.

Desde que el presidente anunció la reforma, el gobierno se empeñó en explicar con detalle las medidas para preparar a los ciudadanos para el llamado “Día Cero”.

“Todo el mundo está preocupado, ¡el cubano vive del susto!. El futuro es incierto. No sabemos lo que va a pasar. La corriente sube cinco veces, suben los alimentos”, dice Yusbel Pozo, un comerciante de 36 años.

Se trabajó durante mucho tiempo para este gran cambio, sin embargo hay aspectos que escapan al control del gobierno como la posibilidad de una inflación descontrolada.

Además, Cuba cuenta con una red de tiendas en las que sólo se puede comprar con cuentas en MLC (monedas libremente convertibles), que se cargan con dólares generalmente depositados fuera del país. En estos establecimientos se venden una buena cantidad de productos de consumo cotidiano para los hogares que no están contemplados en la libreta de racionamiento, con la que los cubanos se abastecen de alimentos básicos como arroz, azúcar, huevo, pollo, aceite y otros. Sin embargo, los dólares para esas cuentas no se pueden adquirir ni en bancos o casas de cambio dentro de Cuba.

La subida de precios afecta el bolsillo de todos los que recibieron un aumento de salario

¿Cómo los hogares van a acceder a divisas? Los lanzas al mercado negro, pero incluso dices que no quieres mercado negro, eso es una contradicción, ahí tenemos una vulnerabilidad de esta reforma económica.

“Mis hijos no pudieron comer caramelos ni galleticas en este día de Reyes Magos. Todo es en puro dólar”, nos dijo con pena Ariadna Rodríguez, de 28 años y trabajadora de un comedor público, que no tiene la suerte de estar entre el 50% de cubanos que recibe divisas de familiares o amigos del exterior.

“Ojalá qué se den cuenta que nos están machucando mucho”, dice mientras camina por la calle Amargura, en la turística zona de La Habana Vieja.

 

 


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