¿Sabías que Cuba era tan próspera antes de 1959 que miles de extranjeros emigraban a la isla en busca de un mejor futuro?

Tras el fin de la dominación española y, sobre todo, con las oportunidades de empleo que generó la expansión de la industria azucarera durante las primeras décadas del siglo XX, Cuba se convirtió en un país receptor de inmigrantes. El número de extranjeros residentes en la Isla no paró de aumentar hasta los años 30. Sin embargo, contrario a lo que muchos creen ya en los años 50 estas cifras habían descendido muchísimo. En esta entrada les ofrecemos, sobre la base del último censo elaborado en la República, el top 10 de las comunidades extranjeras más numerosas que existían en Cuba antes de 1959.

Franceses: Los nacionales franceses residentes en Cuba sumaban 886. Se contaban entre ellos no sólo los europeos, sino aquellos residentes en las colonias que habían emigrado como braceros para la industria azucarera durante las primeras décadas del siglo XX. La francesa fue una emigración muy balanceada en comparación con las de otras naciones, pues el número de hombres, 474, apenas superó al de mujeres, 412.

Sirios: La mayoría de la comunidad árabe que encontró una nueva patria en la mayor de las Antillas provenía del territorio sirio (aunque aquí a todos los que emigraron del Medio Oriente se les dio el nombre de árabes). La comunidad siria residente en Cuba se destacó en el comercio y la industria y llegó a acumular un notable poderío económico. La cantidad de hombres superaba a las mujeres en número, 555 por 337.

Italianos: La emigración italiana llegó a ser muy importante para Cuba durante el siglo XIX cuando se aplicaron políticas para “blanquear” la Isla, sin embargo, a mediados del siglo XX había descendido notablemente y se podía calificar como remanente. Aún así, todavía representaba la octava comunidad extranjera más importante entre las residentes en Cuba. El número de hombres casi doblaba al de las mujeres, 676 por 360.

Filipinos: Entre los asiáticos que vivían en nuestro país los filipinos eran la segunda comunidad más importante. Este dato es casi desconocido porque para los cubanos los filipinos contaban como chinos (los llamados chinos Manila). Estaban muy mezclados económica y culturalmente con la comunidad china y al igual que estos emigrantes, entre ellos la presencia femenina fue casi inexistente, apenas 30 mujeres reportadas por el último censo contra 1 153 hombres.

Mexicanos: Según el censo antes mencionado residían en Cuba un total 1 242 mexicanos (México era el único país latinoamericano que sumaba más de 1 000 residentes en la Isla). Contrario a lo que sucedía en todos los casos fue la única emigración hacia la Isla en la que el número de mujeres superó con creces a los hombres, 890 por 352. Esto se explica por el tipo de trabajo a que se dedicaron, fundamentalmente como trabajadoras domésticas. También hay que sumar un número significativo de infelices que fueron engañadas y terminaron como carne en los burdeles habaneros.

Estadounidenses: El número de residentes norteamericanos en Cuba había descendido notablemente desde las primeras décadas del siglo tras el fracaso de los planes de colonización que habían desarrollado en varias regiones del país como Camagüey e Isla de Pinos. Los americanos llegaron a ser la segunda comunidad más importante tras la española, pero la mayoría había ya regresado al norte en la década de 1950. Los que habían permanecido en Cuba mantenían un enorme poder económico y gran influencia política. Eran, en no pocos casos, ejecutivos de grandes empresas, banqueros e industriales. El número de hombres y mujeres era prácticamente equivalente, un caso típico de las emigraciones de carácter no económico.

Ingleses: No es sorprendente que los súbditos de su Majestad Británica ocuparan el cuarto puesto entre los residentes en Cuba. Esto se explica porque en su mayoría se trataba no de europeos sino de braceros de las Antillas británicas que en Cuba fueron genéricamente conocidos como jamaiquinos y que arribaron por miles durante el auge de la industria azucarera, ingeniándoselas luego para mantenerse en el país. El número de hombres superaba con creces al de las mujeres 9 992 por 4 429.

Chinos: La inmensa mayoría de los chinos que residían en Cuba habían arribado durante la ola migratoria de principios del siglo XX. Estos chinos californianos, como se les conoció por emigrar fundamentalmente de ese Estado norteamericano; aunque también llegaron desde México, huyendo de la persecución a la que se les sometió en ese país. A diferencia de los chinos culíes del siglo XIX, de los que ya no quedaba prácticamente ninguno, se asentaron en las ciudades y se dedicaron al comercio minorista. Como comunidad mantuvieron una fuerte identidad y llegaron a poseer un gran poderío económico y ejercer notable influencia en la cultura de la nación; aunque nunca se acercaron, ni de lejos, al poder que ostentaron los norteamericanos y los españoles. Su emigración se caracterizó por ser brutalmente masculina: de 11 834 chinos censados en 1953, apenas 484 eran mujeres.

Haitianos: Muchos pueden sorprenderse de que los haitianos fueran, según los datos del último censo de la República, la segunda comunidad más numerosa de Cuba: 27 543 almas, de ellos 23 945 hombres y 3 598 mujeres. Esta sorpresa se explica por el grado de marginación al que estuvieron sometidos los haitianos en Cuba y a que, a diferencia de los emigrantes españoles y chinos que se asentaron en las ciudades y alcanzaron un gran poderío económico, ellos se quedaron vagando por los campos de la Isla como mano de obra barata para la industria azucarera. Su número llegó a ser incluso mayor en décadas anteriores, pero los Gobiernos de Cuba los persiguieron con tenacidad y los deportaron por miles una vez que la necesidad de braceros extranjeros en la industria azucarera desapareció.

Españoles: En la década de 1950 quedaban en Cuba 74 561 españoles (45 580 hombres y 28 981 mujeres) y aunque su número era, por mucho, el más elevado entre los extranjeros residentes en Cuba, no podía compararse con los centenares de miles que reportaron los primeros censos republicanos. Esto se explica por varias causas: primero las naturales, muchos de los que mantuvieron la ciudadanía española tras el fin del colonialismo habían fallecido ya, otros se habían repatriado y sobre todo, la emigración había decrecido notablemente, pues los españoles habían encontrado otros destinos más atractivos para emigrar. Sin embargo, aún con esta merma en su número, los españoles eran, junto con los norteamericanos la comunidad más poderosa desde el punto de vista económico y sin lugar a dudas la más influyente desde el punto de vista cultural.


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