Cubanos que se dedican a rentar sus viviendas a turistas se las están viendo negras para vivir por culpa de la pandemia

Los propietarios de lujosas casas de renta para extranjeros en La Habana se están viendo en la inminente necesidad de vender las propiedades que tanta remuneración les reportaron durante el boom turístico cubano comenzado en 2015.

Alina, la dueña de un exclusivo y preciosísimo hostal en El Vedado habanero (de 4 habitaciones climatizadas, 4 baños, salones amplios y jardines exquisitamente cuidados), decidió subastar esta casa al mejor postor, pues en marzo de 2021 se cumplirá un año desde que no ha podido alquilar ninguna habitación.

Esta ostentosa morada tuvo un 80% de ocupación en la plataforma Airbnb desde 2017 hasta los primeros meses de 2020. Sin reportar ganacia alguna en un casi año, mantenerla se ha vuelta irrentable.

Alina es de las pocas propietarias de este tipo de negocios particulares que lograron recuperar la inversión inicial, pero ahora se encuentran entre los más de 30.000 arrendadores de viviendas en Cuba que se han visto totalmente arruinados con la llegada y permanencia de la pandemia del virus de la COVID-19 en el territorio nacional.

El dilema ha obligado a muchos a optar por vender su negocio, convertirlo en “alquiler por horas” para clientes nacionales, alquilarlo por largos períodos de tiempo (también para clientes nacionales), o resignarse a esperar por la reapertura del turismo internacional, una vez que el mundo retorne a la normalidad (lo que aún podría durar años).

Ninguna de las opciones que implica conservar la vivienda y sacarle provecho de alguna forma, reporta una remuneración ni remotamente comparable a la que significaba alquilar a extranjeros en los años anteriores. Ademas, intentar rentarlo a clientes extranjeros en la actual semi apertura del turismo internacional conlleva a cumplir con los requerimientos sanitarios que el Gobierno impone, que implica un gran riesgo y una mayor gestión.

La entrevistada admitió que su casa no rindió en 2019 como mismo se había comportado entre 2017 y 2018, cuando los beneficios promediaron los 70.000 dólares anuales; no obstante, los 40.000 dólares de pérdidas en el último año le parecieron una razón más que suficiente para constatar que la situación no mejoraría pronto.

Muchos se han visto forzados a evadir (más de la cuenta) las imposiciones fiscales del Gobierno, alquilando ilegalmente a un público o bajo condiciones no dispuestas en su tipo de licencia. Muchos otros la han entregado directamente.

Alina y su hermana, residente en Miami, se habían dispuesto a ampliar el negocio hasta donde las limitaciones gubernamentales disponían (porque, según su criterio, todo lo que implica prosperidad en Cuba es ilegal), pero las circunstancias le han confirmado que la opción más sabía es vender. Ha esperado durante seis meses por un comprador y nadie ha aparecido. Declaró que piensa vender e irse del país en cuanto pueda.

Igor, propietario de un negocio similar en Centro Habana junto a su mujer (ambos residentes en Francia), invirtieron un total de 40.000 dólares en comprar, reparar y acondicionar su hostal en 2019, y para cuando debían comenzar verdaderamente a recuperar la inversión, llegó el coronavirus.

Habían optado por la renta por horas, pero no tiene sentido, pues tienen que lavar el doble y gastar aún más en insumos. Los cubanos son muy sucios, no cuidan nada de la casa y dejan el aire acondicionado encendido todo el tiempo.

Algunos entrevistados todavía se mantienen esperanzados acerca de un retorno a la normalidad, o a la “nueva normalidad”, y de la reactivación del turismo internacional; sin embargo, otros han decidido vender o emigrar de Cuba antes que ver su principal sustento económico casi completamente obsoleto por las cicatrices espirituales que sufre el mundo entero debido al trauma que han acarreado estos meses de pandemia.

Xiomara, uno de las que optaron por vender para abandonar el país, confesó que si se tratara solo de esperar por que se controle la enfermedad y pase el miedo a viajar, ella esperaría, pero Cuba va de mal en peor y el Gobierno no para, ni en estas circunstancias, de anteponer obstáculos en el camino de los cuentapropistas. ” Es evidente que no quieren negocios privados que les hagan la competencia”, añadió.

La multinacional Airbnb inició sus operaciones en la mayor de las Antillas con alrededor de 1.000 casas de renta, cifra que en 2016 se multiplicó por 20. En cambio, datos de la ONEI, que son las siglas de Oficina Nacional de Estadísticas e Información, muestran que solo 389 alojamientos a lo largo del país tenían contratos similares con entidades estatales cubanas, que puede deberse al interés del Estado en incrementar la planta hotelera en vez del emprendimiento privado en el sector.

Yesenia, emprendedora que se dedica a la compraventa de casas, considera que, teniendo en cuenta la situación actual, “lo más prudente es vender, si es que se puede”.

Otros vendedores también opinaron, luego de profundizar sobre el asunto, que es palpable la cantidad de ofertas de venta de casas que han sido alojamientos para extranjeros, aunque no muchos han logrado completar la transacción.

Además de precios exorbitantes que provocan dudas en los potenciales compradores, ha decrecido el interés por adquirir inmuebles con precios superiores a los 25.000 dólares, y una gran parte de los propietarios exigen moneda estadounidense como pago, algo que, en esta situación económica tan incierta y volátil, pone frenos en los pocos interesados.


Mantente actualizado en tiempo real a través de nuestros canales de Telegram:

Noticias minuto a minuto

CubaCute en Telegram

Chatea con otros cubanos y discute de todo cuanto se te ocurre sobre Cuba

Grupo CubaCute en Telegram


Este sitio web utiliza cookies para mejorar su experiencia. Asumiremos que estás de acuerdo con esto, pero puedes optar por no hacerlo si lo deseas. Aceptar Leer más