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Hotel Manhattan, una joya que llegó a ser de los más lujosos de La Habana, a solo metros del Malecón

La esquina capitalina de Belascoaín y San Lázaro ha sido testigo a lo largo de los años de numerosas construcciones, indispensables de forma simbólica y patrimonial para la historia y la realidad actual de la provincia y del país en su conjunto. Vio edificarse el Parque Maceo, las obras del Malecón tradicional, que fueron llevadas mucho más allá de los planos concebidos originalmente, traspasando la zona antigua de la Muralla, el hospital “Hermanos Amejeiras”, único en el país y el área latinoamericana, y hasta una temporal pista de patinaje sobre hielo (hielo sintético, aunque aquello parecía más goma que plástico; dejó mucho que desear pero en este país no se puede pedir hielo y nieve a borbotones; ciñamonos todos a la realidad, por favor). La pista fue antes un parque y se reanudaron dichas funciones una vez removida la estructura de madera y plástico, ante los mismos ojos curiosos de infantes y adultos que observaron su colocación en una Bienal de La Habana.

En la esquina, hoy una escuela secundaria, otrora fue emplazado el Manhattan, uno de los dos más lujosos y bien recomendados hoteles de la zona ocupada por la Caleta de San Lázaro, junto al Vista Alegre, en las proximidades del Parque Maceo.

Su acceso principal daba hacia un portal público en la fachada de Belascoaín, como exigían las regulaciones vigentes

Cuando a Guillermo del Toro, arquitecto de profesión, le fue encargada la titularidad del edificio quiso marcar diferencia entre este proyecto y su muy conocido preliminar, el Miramar. Comparando ambos inmuebles, el Manhattan contaba con una planta habitacional relativamente mayor, con un total de cien aposentos, con la idea aparente de una apuesta por una mayor rentabilidad de las oficinas. La planta baja estaba dispuesta para alojar los servicios disponibles del hotel, y los escaños superiores alojarán los espacios habitacionales, todos provisionados con locación sanitaria independiente e impecablemente amueblados.

A pesar de una carencia de evidencia que confirmen si la construcción de tal fue acaecida o no, se cree pudo haber sido entablado en el área de la azotea un roof garden, atracción no tan novedosa al encontrarse en otros hoteles de la época como el Sevilla, de estilo morisco a un costado del Paseo del Prado, pero considerado chic entre la alta clase habanera e internacional (perdón por el anacronismo).

El edificio fue inaugurado a principios del siglo XX, en 1910 para ser más específicos, fecha temprana ateniéndose a que el progreso de las obras del Malecón, elemento que para el individuo contemporáneo resulta imposible visualizar inexistente, no había llegado aún a la zona de su construcción.

A mano derecha, al fondo de la imagen, puede verse la fachada del Hotel Manhattan

La reconocida compañía constructora estadounidense Purdy and Herderson fue la responsable de ejecutar la obra, con un portafolio que comprendía, además, la realización de monumentales y significativos inmuebles habaneros durante los primeros treinta años de la etapa republicana entre los que se pueden destacar la Lonja del Comercio, el Palacio Presidencial y el Centro Gallego, todos en un radio de 5 km. El Manhattan, en cambio, no resultó tan notable arquitectónicamente hablando debido a una escala y magnanimidad significativamente inferior respecto a sus semejantes.

Con una locación envidiable, el hotel llamaba la atención por su clara expresión ecléctica, siendo un volumen de proporciones horizontales dividido en tres niveles. En el encuentro de las fachadas se distinguía un cuerpo cilíndrico aligerado que volaba sobre el borde de la calle, rematado por una cúpula de sutiles dimensiones. El tratamiento de los frontispicios, con un portal público en el costado de Belascoaín hacia el que se orientaba la entrada del hotel, se caracterizaba por una ruptura de la linealidad del conjunto con un diseño de esquina tentador, que comprendía balcones curvos, semicirculares, sobre columnas dórico-toscanas.

Provisto de todos los más modernos adelantos tecnológicos del momento, se hizo notar con facilidad. En la primera planta estaba el restaurante, el café y la barra del hotel, y en otros niveles se encontraban también el gimnasio, gabinetes de lectura, una sala de armas y elevadores con todos los acondicionamientos.

Aunque el proyectó planteaba un “roof garden” en su azotea, no dispongo de datos que confirmen si su construcción se llevó a cabo, ya que el edificio original fue demolido posteriormente.

Sobre los cimientos del inmueble demolido se construyó una escuela de estilo moderno. El color mostaza de los uniformes de secundaria inundan el Parque Maceo en hora pico, excepto en temporadas vacacionales o dificultosas como el azote de ciclones y tormentas tropicales, pues la zona se inunda fácilmente. Con el Irma, la intersección se llenaba de muebles secando al sol y mesas de dominó; tanta esperanza mortal sobre los escombros de lo que fue cuna del lujo republicano habanero.