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Gastan miles de dólares en una carretera en Cuba en un área salvaje que para colmo no conduce en ningún lado pues tiene forma de ocho

Una carretera en forma de ocho se podrá construir próximamente en Cuba a partir de un proyecto titulado «Viaje Infinito» del artista conceptual Wilfredo Prieto, el que pretende convertir un área salvaje del centro de la isla en un espacio de arte, cultura y naturaleza.

El proyecto de Prieto, presentado el pasado jueves en La Habana, ya tiene un aproximado del 20% de terminación de la carretera, localizada en las cercanías del pueblo natal del autor, Zaza del Medio (Sancti Spiritus). El complejo de 49 hectáreas se prevé completar en unos 6 meses, si bien factores como la pandemia de coronavirus en Cuba lo permiten.

Prieto quiso que este espacio se construyera «en medio de la nada», enajenado del mundo y cuya estructura central contara con 4 carriles fabricados con cemento ecológico e iluminados con luz eléctrica generada por paneles solares.

El artista financió la iniciativa cultural, pero está convencido de que los ingresos generados en las visitas por el público serán suficientes para sostenerla.

En las fotos satelitales más recientes ya se puede observar la silueta de la calzada con forma de símbolo de infinito, que se extiende por un kilómetro de longitud, luego de que las máquinas excavadoras con concluyeran el trabajo de despeje de la superficie previo a pavimentar.

La prestigiosa firma Infraestudio, a cuyo cargo se encuentran los arquitectos cubanos Anadis González y Fernando Martirena, será la responsable de las instalaciones, proyecto en el que la estructura principal estará rodeada por un espacio expositivo para eventos nacionales e internacionales, un cine, un anfiteatro, una cafetería y cabañas de hospedaje.

El mismo Wilfredo Prieto financió el proyecto de desarrollo local y cultural con la idea de que sea autosustentable y pueda suplir los costos de personal y mantenimiento con los ingresos procedentes de las visitas una vez abierto al público.

Además, persigue completar una transformación visual del ambiente en unas tierras cuyo propietario continúa siendo el Estado cubano, terreno que permanecía cubierto de maleza e infecundo desde hace más de dos décadas, donde ahora se plantará una variedad de árboles frutales alrededor de las nuevas instalaciones.

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