sábado, mayo 8, 2021
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La carne de cerdo sigue aumentando de precio en Cuba y quizás llegue a ser más cara que el mejor caviar

La escasez de alimentos no constituye un fenómeno extraño en Cuba, pero, desgraciadamente, sí se ha agravado muchísimo en el último año. La carne de cerdo, la que solía ser bastante asequible para el cubano medio, ahora solo protagoniza la dieta de los más privilegiados, esos que no preguntan el precio antes de comprar algo. Otros platos fuertes como el pescado fresco, los mariscos y la carne de res ya no se pueden ni soñar, y hay que conformarse con el pollo entero, las sardinas en lata y, si hay suerte, salchichas y picadillo de pollo.

El cerdo siempre había constituido un producto al alcance de la mayoría, en cualquier forma de su consumo, pero la crisis económica ha golpeado en todos los sentidos al país y la producción de carne ha disminuido en gran medida.

Por lo tanto, los precios del producto se han visto incrementados en todos los ámbitos de su comercialización, y el Estado, siempre queriendo controlar todo, ha pretendido racionalizar la mercancía y topar los precios.

Desde unos meses antes de la llegada de la pandemia de coronavirus a la isla, el Gobierno ya había dictado una regulación que estipulaba el precio máximo de la carne de cerdo sin hueso en 55 CUP y en 45 CUP la libra en La Habana y en el resto de las provincias, respectivamente.

A tres meses y medio de comenzada la implementación de la Tarea Ordenamiento en el país, la libra del cerdo vivo puede ir de los 75 a los 85 CUP. Las personas que se ofrecen a localizar las ofertas de cerdos (vivos o troceados) cobran 100 CUP por la gestión, dado que involucra una ardua labor detectivesca para rastrear información y tirar de contactos.

Además, quien se dedica a esta actividad debe destinar al menos 600 CUP para pagarle a quien conduce de la carreta que trasladará a los sentenciados hasta el matadero, y la labor del matarife también se cotiza en 100 CUP por cada ejemplar que ejecute y limpie.

Todo el proceso, que encuentra similitudes con el cadena denominada por el Estado como “puerto transporte economía interna”, está ya teniendo síntomas de crisis, así como en cada uno de los eslabones. Los factores que influyen son muchos: el transporte escasea, el combustible ha subido de precio, y la vigilancia hacia lo ilícito ya es inaguantable.

Dado que resulta arriesgado subir los precios en el punto final del mecanismo, que es el único constantemente monitorizado por las autoridades, los vendedores han comenzado a clausurar sus puntos de venta hasta que la situación no presente alguna mejoría. Por lo menos, eso han hecho las carnicerías visibles, las que operan con licencia, porque el negocio continúa tras las cortinas. Los carniceros tienen cantidades determinadas de clientes fijos a quienes conocen personalmente, y con venderlos a ellos clandestinamente les llega para seguir generando lo mínimo para sobrellevar estos momentos tensos.

El mercado informal tiene esa característica: desaparece el estímulo de incrementar la producción para generar más ganancias una vez que el productor cae en que no le afecta la competencia y que el cliente no tiene otra opción que no sea asumir los precios que el otro decida. Entonces, se crea un círculo vicioso donde los precios entran en una espiral.


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