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Adolfo Luque, el legendario Habana Perfecto o Papá Montero del béisbol cubano

Adolfo Luque, el legendario Habana Perfecto o Papá Montero del béisbol cubano

Hay poco peloteros cubanos que hayan gozado de tanta popularidad en la primera mitad del siglo pasado como Adolfo Luque Guzmán.

El legendario Habana Perfecto o Papá Montero, como también se le conoció, nació en La Habana el 4 de agosto de 1890 y logró acceder a las Grandes Ligas con la camiseta de los Bravos de Boston en la Liga Nacional.

Tras la segunda intervención norteamericana en Cuba, Luque se une al cuerpo de artillería del ejército y gana popularidad por su gran defensa de la tercera base en el equipo de las Fuerzas Armadas.

Su precisión y potencia en sus lanzamientos llamaron la atención de la dirección del Club Fe de la Liga Cubana, quienes terminaron firmándolo para dar inicio así a su ilustre carrera.

Despues vendria el uniforme del Habana, Almendares, Orientales y Cienfuegos, alcanzando un balance final de 106 victorias y 71 derrotas en 216 partidos.

Logró acceder a las Grandes Ligas con la camiseta de los Bravos de Boston en la Liga Nacional.

Debutó en la “Gran Carpa” en 1914 con los Bravos de Boston, luego pasó a los Rojos de Cincinnati donde jugó por 12 años, Dodgers de Brooklyn y Gigantes de Nueva York.

En las Mayores actuó en 550 juegos, acumulando 193 victorias y 179 derrotas, logrando una efectividad de 3.24, con 26 lechadas y 1130 ponches.

Su temporada más brillante fue en el año 1923 con el Cincinnati al ganar el título de picheo de la Liga Nacional, acumulando 27 victorias y 8 reveses, con una efectividad de 1.93.

El gran Luque tiene el honor de ser el pitcher de Latino América con más triunfos en una temporada (27) y fue la primera gran estrella entre los jugadores de Hispanoamérica.

Llegó a participar en dos Series Mundiales, la primer en 1919 cuando se produjo el escandalo conocido como las “Medias Negras”, donde 8 peloteros de los Medias Blancas de Chicago se terminaron entregando a los apostadores por dinero antes los Rojos de Cincinnati.

Debutó en la “Gran Carpa” en 1914 con los Bravos de Boston

La otra aparición en estos Clásicos ocurre en 1933, actuando para los Gigantes de Nueva York frente a los Senadores de Washington. El cubano lanzó como relevistas en el quinto juego de la serie, y en cuatro entradas y dos tercios logró el triunfo que le daría la corona a los Gigantes.

Su mejor lanzamiento era la curva, que llegó a dominar con un control impecable. Su principal característica fue la inteligencia. Gracias a esto, tras su retiro, los Gigantes de Nueva York lo firmaron en 2 ocasiones para ser entrenador, primero entre 1936 y 1938, y por último entre 1942 y 1945.

Luque se destacó como mánager. En Cuba dirigió a los Alacranes del Almendares, ganando 8 títulos, y a los Elefantes de Cienfuegos, con quienes se alzó con otra corona. Terminó con 705 victorias y 61 derrotas.

También la pelota profesional mexicana contó con su oficio de manager al dirigir a los equipos de Pericos de Puebla, Mexicali, Nuevo Laredo y Leones de Yucatán, ganando tres campeonatos.

Su mejor lanzamiento era la curva, que llegó a dominar con un control impecable.

Su temperamento fuerte y su calibre de excepción fueron atributos que hicieron de él un héroe entre los cubanos. Así pasaron a la historia las palabras de un cronista deportivo de la época que lo definió:

Se ganó el sobrenombre de Papá Montero por su vida bohemia y el vestir de sombrero de época, dril 100 y guayabera blanca. Y no pudo haber mejor epíteto para Luque, un apasionado de la música, jugador de gallos, parrandero, amante del danzón y bailador de rumba hasta en New York.

En el mismísimo teatro Alhambra solía presidir encendidas polémicas beisboleras. El compositor Armando Valdés Torres compuso un danzón al que llamó Arriba Luque. Hasta actuó brevemente, junto a consagrados de la escena, en una comedia teatral en su honor, titulada Las curvas de Luque, compuesta por Agustín Rodríguez.

Fue un hombre de miles de anécdotas, relacionadas con su extraordinaria calidad y explosivo temperamento, que a veces se tornaba violento, lo que le traería muchos disgustos. Cuentan que gustaba andar armada y en más de una ocasión sacó su revolver ante una afrenta a su moral o a su condición de cubano.

Su melena blanca la guardamos en la memoria. Falleció el 3 de julio de 1957 en su Habana querida, rodeado del cariño y respeto de todo el pueblo.

Fue electo al Salón de la Fama del Béisbol Cubano en 1958, al de México en 1985 y en 1967 al de los Rojos de Cincinnati.

El salón principal del Estadio del Cerro en la capital cubana, lleva su nombre.

Adolfo Luque, -nadie lo dude-, ha sido un grande entre las más grandes figuras del béisbol cubano y latinoamericano en la historia de las Grandes Ligas.

El Habana Perfecto, el Orgullo de La Habana, nuestro Papá Montero, quedará en las huellas del tiempo como un imprescindible del béisbol y el deporte cubano.


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