domingo, octubre 17, 2021
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Los cubanos ya se han acostumbrado a comer lo que aparece y cuando aparece…

La escasez y el desabastecimiento crónicos que se están viviendo en Cuba en los últimos tiempos, han sido comparados en más de una ocasión con la mayor crisis económica experimentada en el territorio nacional: el Período Especial de los años 90.

De hecho, desde entonces Cuba no tiene tiempos de bonanza, sino momentos buenos y malos, en dependencia de cuántas horas hay que esperar para adquirir los bienes más esenciales. Aún así, productos bastante comunes como el yogurt, el aceite, el champú y el papel sanitario se han desaparecido del panorama, por lo que los cubanos se han limitado a dejar de recordar qué eran.

El único cárnico que se vende en la red de tiendas estatales en la actualidad es el pollo, el que reina en la mesa de los cubanos y que raramente se alterna con las ahora consideradas exquisiteces: los perritos (salchichas) y el picadillo mixto. Las opciones de proteínas en el menú se han reducido básicamente a esos tres alimentos, pero su acompañamiento también se ha visto severamente amenazado, dado que el arroz que se expende por la libreta de abastecimiento “no sube” (como ha alegado más de un cubano) y esto obliga a cocinar más arroz, así que ya ningún producto normado alcanza para sobrevivir (ni siquiera malamente) el mes.

A eso se suma que los productos liberados escasean porque los campesinos, hartos de obedecer al Gobierno con sus muchas trabas y casi ningún beneficio, han dejado de producir una amplia lista de granos, viandas y verduras.

Las pastas, uno de los alimentos más comunes en el antiguo itinerario gastronómico semanal de los hogares cubanos, se han convertido en verdaderos privilegios, únicamente hallados en las tiendas en Moneda Libremente Convertible (MLC).

Gran parte de la población ha abandonado o limitado su consumo de carne de cerdo, uno de los productos nacionales más atesorados por el pueblo y que desapareció de los puntos de venta apenas inició la pandemia, en marzo de 2020.

De las 17.000 toneladas mensuales de carne de puerco necesarias para satisfacer la demanda nacional, se produjeron solo 6.000 en 2020, de acuerdo con la información dada por Gustavo Rodríguez Rollero, el entonces ministro de la Agricultura. Pese a que no existen datos públicos recientes al respecto, se piensa que la situación se encuentra incluso peor.

La libra de carne de cerdo en el mercado informal (cuando aparece) se vende a 120 y 200 CUP. Mientras, los sitios web estatales de venta en MLC ofertan este alimento con mucha frecuencia y a precios no muy baratos, para poder arrancar toda la divisa extranjera disponible de los cubanos residentes en el exterior.

Al Gobierno cubano no le interesa el segmento de consumidores que utiliza su propia moneda, por lo que cubanos sin remesas no valen y, por tanto, quedan al margen. Los precios del mercado informal nunca van a poder suplirse con salarios estatales pues, a pesar de las estrategias para controlas la inflación, el incremento de los costos aún no ha encontrado regulación.

La carne de ovejo (carnero) se ha visto en el mismo caso, con una altísima demanda e ideal para enfermos convalecientes y personas con anemia, pero dejó de existir la oferta. Las unidades comerciales ya no reconocen ni el aspecto de la carne roja, así como de huevos, leche, frijoles, puré de tomate, detergente, agua de colonia, aceite, vinagre y un largo etcétera.

El pueblo ya ha hecho de la crisis su estilo de vida por excelencia, y eso se evidencia en que ni se habla de las carencias crónicas. Fuera de las mentes y lejos de los bolsillos se encuentran para la mayoría de los cubanos el queso, la mantequilla, la mayonesa, el café, el pescado y la lista sigue, dobla, continúa, se entrelaza; no parece tener fin.

El moribundo comercio interior no ha podido ser conciliado con los salarios, y no lo han logrado ni medidas fallidas como la Tarea Ordenamiento, los precios topados, o las sanciones al sector privado. La venta de alimentos se ha visto mermada hasta en las tiendas en MLC, además de que el dólar ha subido de 48 a 50 pesos en el último mes; no hay comida y la que hay está carísima.

Las autoridades, mientras, se mantienen en mute, a excepción de los preciados momentos para alzar quejas sobre el embargo estadounidense. Ya se nota la desesperación, especialmente en las colas, algunas de las cuales han terminado en las manos. Pronto no quedarán alternativas para superar la hambruna en una situación en la que, sin liquidez ni reformas eficaces, la soga aprieta siempre un poco más alrededor de los cuellos cubanos.


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FuenteCubanet
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