jueves, septiembre 16, 2021
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Miles de cubanos sufren por la espera de las operaciones que necesitan pues los hospitales han suspendido la mayoría de las cirugías por la pandemia

Una joven madre soltera se presentó en el cuerpo de guardia del hospital Clínico Quirúrgico Lucía Iñíguez de la ciudad de Holguín en el mes de febrero tras llevar semanas sufriendo de un dolor intenso en la parte inferior del abdomen y 2 meses sin menstruar, pese al gran riesgo de contagio con el virus de la COVID-19 que esa acción representaba. La examinaron y la diagnosticaron con un enorme quiste en el ovario izquierdo (de casi 8 centímetros).

Necesitaba ser operada, pero ese tipo de cirugía estaba temporalmente suspendido por la pandemia de coronavirus; solo estaban autorizadas las operaciones en casos de oncología o urgencias. Le informaron que solo la intervendrían si se le reventaba el quiste.

La doctora que la atendió no tenía culpa por la situación de negativa, sino estaba solamente siguiendo órdenes del Ministerio de Salud Pública. De hecho, le informó que esperar para operarla solo aumentaría el riesgo de infección o de pérdida del ovario.

El escenario epidemiológico en Cuba obligó a las autoridades sanitarias a tomar medidas drásticas y priorizar casi completamente la atención de la pandemia frente a otros problemas de salud, por lo que los hospitales y demás centros médicos redujeron significativamente su servicios.

Numerosos profesionales de la Salud de Holguín confirmaron que allí se suspendieron las cirugías de “no urgencia” entre los meses de abril y julio del 2020, para destinar todos los recursos del sistema sanitario posibles al enfrentamiento exclusivo contra la pandemia.

Desde entonces, cada vez que el país experimenta un nuevo repunte de la enfermedad, las operaciones se vuelven a cancelar, y las personas que se hallan en un caso similar al de esta joven, deben soportar la imposibilidad de operarse.

La muchacha tuvo que volver a su casa con una receta de analgésicos que no podrá comprar (por la severa escasez de medicamentos que vive el país) y la indicación de no moverse mucho o hacer esfuerzos.

Claro, ella no puede dejar de hacer esfuerzos porque su hijo tiene 6 años y su madre tiene 70, de los cuales constituye el único soporte.

Todos los países del mundo están sufriendo el mismo “exceso de mortalidad” que Cuba, la denominación que se le da a los muchísimos fallecidos por enfermedades comunes y fácilmente tratables que no fueron atendidas.

Estas personas se tienen que ver en la situación de aguantar dolores indefinidamente y conocer que solo serán atendidos si su vida corre peligro (momento en que tal vez será muy tarde para el remedio).

Mientras, el Gobierno cubano se enorgullece de su sistema de salud y lo presume como, supuestamente, uno de los mejores del mundo, universal y gratuito, con seguimiento constante a los pacientes.

Actualmente, tanto se niega tratamiento como se posterga el mismo hasta que la enfermedad se agrave y la dificultad para enfrentarla sea mayor. Esto ocurre en medio de uno de los peores momentos de la crisis económica y de la pandemia, por lo que la escasez de medicinas complica más la situación.

El mercado negro cotiza los fármacos por el doble y hasta el triple de su valor original, ya crecido por la subida de valores propia de la Tarea Ordenamiento y la consiguiente inflación. Medicamentos de uso común para mitigar dolores leves como dipirona e ibuprofeno no se encuentran en farmacias y alcanzan precios de 100 y 130 CUP por cada frasco, respectivamente.

Kirenia, una técnica de contabilidad de 50 años residente de la ciudad de Holguín, sufre de terribles dolores a raíz de los cólicos nefríticos, provocados, a su vez, por cálculos en el riñón que tiene hace cinco años. La cirugía para removerlos lleva suspendida desde hace neses y solo le queda aguantar, pues postergó el procedimiento varias veces.

Ahora, el cálculo creció hasta un centímetro, lo que obstruye el tracto urinario, por lo que profesionales médicos le auguraron que si no procedía a operarse, iba a perder el riñón. Sin embargo, no se le ha asignado espacio para su intervención quirúrgica por no ser considerado su caso de urgencia, requisito imprescindible en las circunstacias que aquejan al país.

Entretanto, Kirenia se enfoca en lograr los medicamentos que necesita para el dolor, como antibióticos que no se encuentran en las farmacias y en la calle están carísimos.

Su salario, además, es muy bajo para vivir y comprar esos medicamentos. Logró adquirir unos pocos con dinero reunido por sus familiares, pero se acabaron y logra, desde entonces, aliviae su situación con remedios naturales.

Cuba se ha destacado en estos meses de pandemia por mostrar diemore una imagen de control y seguridad ante todo, vendiendo su sistema de salud como el más apto y preparado. Montó toda una red de centros de aislamiento y hospitales para la atención a enfermos y sospechosos, emprendió varios de proyectos de fabricación de vacunas con fórmulas nacionales y vendió los servicios médicos de miles de profesionales de esta área a otros países en necesidad. Todo esto lleva un precio y no es precisamente bajo.

Estas grandes cantidades de capital que se invierten en la lucha contra el COVID-19 automáticamente dejan de utilizarse para mantener las cirugías en los quirófanos y el abastecimiento en las farmacias.


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FuenteCubanet
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