jueves, diciembre 2, 2021
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El internet se convierte en la nueva plaza del mercado negro en Cuba

La última década en Cuba ha sido definitivamente revolucionaria (desde el sentido más estricto de la palabra), pues el Gobierno se ha empeñado en hacer en poco tiempo lo que al resto del mundo le ha tomado más de 30 años, y los cambios han resultado bruscos. La telefonía móvil, el Internet, la tecnología de la información y las comunicaciones, la automatización, el cooperativismo, la privatización restringida de la economía, etc. Y como toda Cuba se ha sumergido en el nuevo mundo virtual, el mercado negro nacional también lo ha hecho.

El Período Especial de la década de 1990 continúa siendo considerada como la peor crisis económica que ha sufrido la isla en su historia, pero la situación actual es digna de compararse; con la única difierencia en que las redes sociales y el Internet en general han proporcionado al pueblo cubano un herramienta muy útil para buscar alternativas de supervivencia.

Olga Lydia Padrón es un habanera que ya en los 90 vio una solución en el intercambio equitativo de bienes con productores del interior de la isla, por lo que se acostumbró en aquella época a canjear ropas y zapatos viejos por arroz y frijoles, yendo de forma improvisada (lo mismo en ferrocarril que en ‘botella’, de tramo en tramo) hasta provincias como Sancti Spíritus o Ciego de Ávila.

Los comienzos de la nueva crisis hace más de un año la alertaron y comenzó a buscar en Internet campesinos que estuvieran interesados en el trueque; por lo que se valió de la misma idea para enfrentar la miseria y la hambruna, pero usando nuevos y más hábiles instrumentos.

Aunque el acceso más generalizado al Internet en la isla comenzó a mediados de la década de 2010 (cuestión de poco más de un lustro), los cubanos han sabido adaptarse al medio y utilizarlo para su ventaja.

Las redes sociales han servido para formar redes de contactos y rastrear de una forma u otra cualquier producto necesario, además de que el mercado negro digital no se caracteriza por su disimulo. Aunque la reventa de artículos importados o vendidos en una tienda estatal sea ilegal, ha sido tolerada durante tanto tiempo por el Gobierno que ha adquirido la condición de «alegalidad», por lo que se exhibe abiertamente en línea sin mayores consecuencias.

ETECSA ha dado a conocer que de los 6 millones de líneas móviles activas que existen en Cuba, 4.5 millones de usuarios pueden usar el servicio de Internet, por lo que se presume que un grandísimo porcentaje (o la totalidad) de esas personas recurren con frecuencia a las ofertas ilícitas de la digitalidad.

Facebook, WhatsApp y Telegram sirven como espacios de fácil comercio, y este fenómeno no solo funciona con fines de lucro, pues la escasez generalizada y el desabastecimiento alcanzan niveles tan críticos que muchas personas terminan colaborando por el bien del prójimo y no por el propio: si no estamos para esto, ¿para qué estamos?

En Cienfuegos se han creado varios grupos para intercambiar productos, como Dando y Dando, en el que se ven anuncios donde, por ejemplo, ofrecen papel higiénico a cambio de unos recipientes de gel antibacterial para las manos.

Ted Henken y Sara García Santamaría han estudiado el impacto que la tecnología está tendiendo en el presente y futuro de Cuba, todo enmarcado en el proceso de restablecimiento de relaciones entre Estados Unidos y Cuba.

Henken mencionó que la revolución digital en la isla «ha producido ganancias récord para ETECSA», puesto que los usuarios no tienen alternativas de conexión, aunque también ha proporcionado una plataforma gratis, abarcadora e inmediata de convocatoria para manifestaciones, protestas y movilizaciones acerca de un sinfín de causas políticos, cívicos, sociales y económicos.

Los grupos establecen reglas estrictas: la reventa de productos está prohibida, así como hablar de política, religión o enviar emoticonos. Sin embargo, existen grupos que sí permiten alguna restricción común para otros, por lo que se evidencia que el fenómeno es bastante heterogéneo. La situación se gestó a raíz de la necesidad de productos de primera necesidad y las largas colas.

Esta expansión del mercado informal está bastante limitada por una serie de regulaciones. En un país donde el salario mínimo apenas alcanza para lo básico, el robo a las entidades estatales es práctica usual, lo que el Código Penal tipifica como un delito cuya sentencia llega hasta un año de cárcel.

El comercio electrónico y los clasificados en Cuba aún están emergiendo, según el ingeniero informático que creó el sitio de anuncios Revoltillo, Daniel González.

Agregó que un problema importante a resolver todavía es la imposibilidad del uso de tarjetas para efectuar pagos en línea, aunque se está comenzando a solucionar con criptomonedas.


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