lunes, octubre 18, 2021
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¿Contagiarse o morir de hambre? ¿Qué salida tienen los cubanos en medio de la pandemia?

A un año y 3 meses de haber aparecido la pandemia de coronavirus en Cuba, el país atraviesa su tercer y peor rebrote, en el que las muertes diarias se han convertido en habituales y los récords de casos activos no se paran de romper. Más de 18.000 personas se reportaron como contagiadas en los últimos 15 días en la isla, período donde hubo un promedio de 5 fallecidos al día.

El Gobierno cubano, a pesar de que la situación epidemiológica en el territorio nacional solo iba a peor y las medidas implantadas para su contención resultaron muy poco efectivas, rechazó la alternativa que procuraría un grandísimo apoyo económico en la obtención de insumos médicos y vacunas para la inmunización de su población, el mecanismo COVAX.

Optó, sin embargo, por desarrollar sus propios candidatos vacunales contra el virus de la COVID-19, aunque esta hubiera sido la vía más lenta de inmunización poblacional y, por lo tanto, cientos de personas murieron por no comenzar antes con la vacunación.

La postura gubernamental oficial es la de responsabilizar a la población por la gravedad a la que ha llegado esta crisis sanitaria, debido a las constantes indisciplinas sociales que violan las medidas estipuladas.

Por el contrario, las cifras de este último año evidencian que los rebrotes de la enfermedad en el país han sido principalmente provocados por aperturas de fronteras y de turismo internacional, y por desabastecimiento en los mercados (generando aglomeraciones de personas).

Mariela es de la opinión que no habrá mejoramiento de la situación epidemiológica si el Gobierno no comienza a garantizar la alimentación de su pueblo, porque las colas de hasta varios días para la adquisición de suministros básicos son los focos de contagios más comunes.

Esta madre se ha visto obligada a reinventarse (luego de que el turismo sufriera una caída súbita con la llegada de la pandemia) y dedicarse a la reventa de productos en el mercado negro, mayormente obtenidos de las tiendas estatales en Pesos Cubanos (CUP).

Pese a que conoce que su actividad laboral la podría conducir tanto al hospital (al contagiarse con la enfermedad) como a la cárcel (al ser la reventa de bienes una actividad prohibida por el Estado), asegura que no tiene más opción más que continuar trabajando para alimentar a sus 2 hijos.

La Habana lleva más de 5 meses en aislamiento, sin acceso a otras provincias y con un toque de queda nocturno de 9:00 p.m. a 5:00 a.m. El resto de los territorios han implantado medidas similares.

A pesar de que las autoridades sanitarias cubanas no han abogado por la transparencia, se ha conocido del colapso de varios hospitales en la isla, de las pésimas condiciones de habitabilidad que presentan los centros de aislamiento, de una profunda escasez de medicamentos que azota al país y de hasta el no reporte de casos diagnosticados y fallecidos por el coronavirus por parte de las autoridades sanitarias.

La pandemia, a su vez, está siendo empleada por el Gobierno cubano como excusa para sostener la represión a los detractores y el estricto control al pueblo en medio de una agravada depresión económica, social y política.

El proceso de inoculación masiva en la isla se emprendió oficialmente el 24 de abril. El obstáculo ahora es que Cuba aún no tiene una vacuna, y la politización de los candidatos se evidencia desde sus nombres: Soberana, Abdala, Mambisa. La imagen de niños en forma de propaganda ha llegado a ser utilizada para sensibilizar y justificar el hecho de que la población se esté usando para probar experimentos.

El doctor Yoasnel Barroetabena Riol, integrante del Gremio Médico Cubano Libre, dijo que se trata de una “maniobra política para obtener un beneficio económico”, al intentar vender la imagen de un país que es eminencia como potencia médica para hacer de la venta de las vacunas un negocio altamente rentable. Recalcó que los proyectos de vacunas todavía no ofrecen las garantías que aseguran otras a nivel internacional, así como que sus reacciones adversas no han sido desclasificadas.

La desinformación y la falta de transparencia que existe alrededor del proceso provocan que galenos como Esperanza Suárez Venzant solo deseen no tenerle miedo a la salvación, pues opinó que las tantas personas que acudieron a su vivienda para intentar persuadirla de entrar voluntariamente el proceso no logran entender que no se niega a la vacunación, sino a un proceso del que conozca toda la información. Reclamó que ella no es “ratón ni conejo” para un proyecto turismo vacunal que, si bien le parece acertado para la isla, no debe erigirse a costa de la salud de los ciudadanos. La doctora recibió amenazas de la Seguridad de Estado cubana a raíz de este simple cuestionamiento en sus redes sociales.

A la vez que el Gobierno emplea millones en candidatos de vacunas y estudios clínicos, las farmacias están completamente desabastecidas y resulta alarmante que los hospitales estén tan desprovistos de fármacos y materiales quirúrgicos.


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