miércoles, diciembre 8, 2021
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Cubano protagoniza una verdadera lucha contra gigantes en Florida tras negarse a abandonar la casa donde ha vivido por décadas a pesar de la oferta millonaria que ha recibido

La lucha del cubano Orlando Capote contra un megaproyecto de construcción comercial en la ciudad de Coral Gables, aledaña a Miami, se ha convertido en noticia, pues están asediándolo para que abandone la pequeña casa en la que vive desde hace varias décadas y la cual se resiste a abandonar a pesar de las ofertas que ha recibido.

Capote se ha plantado para rechazar cerca de 40 ofertas de compra que le han puesto en la mesa compañías inmobiliarias, agentes de bienes raíces y oportunistas para hacerse con su modesta vivienda unifamiliar de dos dormitorios.

La casa se ha convertido en una incómoda presencia para el proyecto masivo de edificación comercial de la compañía Agave Ponce, con un presupuesto de 600 millones de dólares, el mayor en la historia de esta bella ciudad de paseos, apartamentos, tiendas y numerosas construcciones de estilo mediterráneo.

Pero Capote no cede. Se niega a mudarse, pese a vivir literalmente encajonado en un cubo de espacio asfixiante. No es un gesto de extravagancia o de mero ventajismo.

La casa se ha convertido en una incómoda presencia para el proyecto masivo de edificación comercial de la compañía Agave Ponce

Vivir cercado por muros de hormigón

Este cubano, nieto de un español e ingeniero de profesión que vive solo en la casa desde la muerte de sus padres se muestra decidido a «seguir hasta el fin», pese a la situación de cerco que soporta a diario, con excavadoras, grúas, camiones y equipo pesado haciendo casi imposible el acceso a su vivienda, si no es por un estrecho pasadizo trasero.

Pero Capote sobrelleva con estoicismo todos los ruidos, polvo y escombros en que consiste el día a día en su vivienda de 1.300 pies cuadrados (120 metros cuadrados) en la que el patio es asiento a menudo de plásticos y trozos de aislamiento que caen de los edificios colindantes en construcción.

«En esta casa no me siento solo. Estoy aquí con mis memorias, con los recuerdos de mis padres» y, además, «el lugar más seguro para sobrevivir a la crisis financiera que se avecina es estar en esta casa», dice convencido.

De ese mundo de nostalgia y recuerdos felices forma parte su breve estancia de seis meses en España tras dejar Cuba con sus padres en 1968, siendo un adolescente de 13 años.

«Fueron los mejores seis meses de mi vida. Por una bobería (poco dinero) tomabas una tapa y un chato de vino o una caña de cerveza en un bar», dice elocuente mientras evoca sus excursiones a Toledo, el Valle de los Caídos o Aranjuez.

Capote se ha plantado para rechazar cerca de 40 ofertas de compra que le han puesto en la mesa

Su semblante afable se le vuelve grave cuando retoma el asunto de la empresa desarrolladora, de la información que circula en los medios de que ha rechazado una substanciosa oferta de compra por parte de Agave Ponce, algo que el cubano desmiente categórico.

«Agave no me ofreció dinero para comprar la casa. Solo quiso hacer un intercambio de propiedades», aseguró Capote.

La propuesta en nombre de Agave Ponce, LLC, consistía en la entrega de otra vivienda en construcción en el mismo barrio, un automóvil nuevo, el pago de los gastos de traslado, la compra de mobiliario y 500.000 dólares, además de la construcción de una fuente en el patio en memoria de su padre.

Pero, como indica Capote, esta no aparece encabezada con el membrete de la compañía; tampoco lleva el sello de ningún despacho de abogados y no está firmada por un letrado ni notarizada ni enviada por correo regular, ya que fue depositada por un desconocido en el buzón de su vivienda.

El patio de su vivienda se ha convertido en el depósito de los restos que caen de los edificios colindantes en construcción

Una casa que se marchita por falta de luz

Guarda el cubano en casa un sinnúmero de documentos, fotografías, notificaciones, informes, cartas e incluso quejas presentadas al ayuntamiento de esta ciudad en las que denuncia desde 2017 violaciones del código de zonificación y de fuegos, de las leyes que limitan la altura máxima de edificios y la distancia.

Pero ninguna de sus quejas ha prosperado. El ayuntamiento se desentiende. «Cuando me cerraron el acceso a la calle por la entrada principal me quejé a la ciudad y no me hicieron caso», se lamenta.

Su historia es similar a la de muchos hijos de cubanos que emigraron abandonando todo lo que poseían en la isla a Estados Unidos, tras el triunfo de la revolución castrista en 1959.

Sus padres trabajaron duro, su madre era maestra y su padre inspector del condado. Tras años de ahorro lograron comprar en 1989 esta casa en la que ahora el mango del patio marchita, sin fruto, por la falta de luz y aire limpio.

Así luce la vivienda de Capote en medio de las nuevas construcciones

En 2005 falleció su padre y en 2020, su madre. A ambos cuidó en los últimos años de sus vidas con abnegación. La voluntad de ambos, como le expresaron antes de morir, era cuidar la casa como un tesoro familiar.

Mientras su casa siga en pie, Capote dice que no la abandonará. No por aceptar alguna oferta de la que luego tenga que arrepentirse.

«Es mi casa. Es el hogar, donde está mi corazón. Y mi estómago me dice que no venda la casa», dice con firmeza entre los ciegos muros de hormigón que le cercan.


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