martes, septiembre 21, 2021
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Llueven las críticas en las redes sociales a los servicios privados de comida a domicilio en La Habana: “Estos negocios en el capitalismo ya tendrían que haber cerrado pues es un sancocho”

Los habaneros han mostrado severo descontento en los últimos meses por la pésima calidad que están ofreciendo los restaurantes de la ciudad con servicio a domicilio, y es que la crisis económica actual y la profunda escasez de alimentos dificulta (y casi que imposibilita) el desarrollo de actividades laborales relacionadas con servicios alimentarios.

Ileana denunció en Facebook que pidió comida a domicilio a las 10:00 a.m. del pasado Día de los Padres, y el restaurante le aseguró que la mensajería tardaría unos 20 minutos como máximo en llegar a su vivienda por la cercanía entre ambos locales, pero ningún repartidor había contactado con la casa o con la clienta pasadas las 6:30 p.m.; ni siquiera hubo una excusa o una disculpa.

La señora contó haber llamado una exagerada cantidad de veces al negocio para reclamar su entrega y nadie contestó al teléfono. También contactó por WhatsApp y la “dejaron en visto”.

A las 7:00 p.m. tocó a su puerta un muchacho en bicicleta que mostró gran enfado cuando la cubana no quiso recibir el encargo, pues, además de tarde, la mujer aseguró que “la comida parecía (…) para puercos, los envases donde venía eran pedazos de yaguas, daban asco de mojadas y sucias que estaban, las pizzas eran un socotroco de pan duro con dos manchitas de salsa de tomate y el queso no se veía por ningún lado”.

Ileana no pudo celebrar el Día de los Padres, y su esposo y su hijo casi que terminen en un violento altercado con el mensajero “porque quería propina”.

Yilian, vecina de Centro Habana, realizó una denuncia similar desde sus redes sociales, haciendo pública su insatisfacción con la engañosa promoción que realizaba el servicio de comida a domicilio que eligió. Narró que el arroz frito con mariscos que se ofertaba en la página web del negocio, terminó siendo un “revoltillo de arroz enfangado teñido con caramelo quemado”, donde asomaban tímidamente “dos trocitos de jamonada”.

Yilian describió que la amalgama desprendía “un olor a podrido que revolvía el estómago”. Ella cometió el error de aceptar el encargo y aseguró haber escupido la pequeña porción que decidió probar, pero su hermana y cuñado, quienes sí ingirieron esa bazofia, “terminaron con diarrea”.

La ración de ese “arroz frito especial” le costó 180 Pesos Cubanos (CUP), además de los 100 CUP por concepto de mensajería y envase. Encima, el producto estaba bañado en grasa y tenía “trozos de huevo hervido en vez de tortilla, col en vez de frijolitos chinos”, y nada de salsa china, sino azúcar quemada.

En Internet ha surgido decenas de espacios para compartir y alertar sobre estas estafas, que en la actualidad no son pocas y ninguna autoridad se molesta en perseguirlas.

La pérdida de calidad de la gastronomía en Cuba angustia grandemente a los cubanos que ni un día especial pueden celebrar, ni pueden darse un gusto o un descanso de vez en cuando.

El panorama económico ha causado una notable reducción de las ofertas gastronómicas (estatales y privadas) y un desproporcionado alza en los precios. Incluso los establecimientos particulares que hace pocos años gozaban de gran prestigio, han terminado envueltos por tal decadencia generalizada.

Danilo, propietario de un popular restaurante en la Habana Vieja, señaló que la demora por parte de los mensajeros es inexcusable y que “cada cual debe recibir los pedidos que sea capaz de atender, teniendo presente lo que puede cocinar y también su personal”. También apuntó que, por otra parte, la calidad de los alimentos es un problema diferente, pues no siempre se encuentran los mismos ingredientes, los alimentos esenciales permanecen desaparecidos por mucho tiempo, y ni en las tiendas en Moneda Libremente Convertible (MLC) se puede encontrar lo que lo que se busca. “La gente se queja, con razón, pero es difícil mantener el negocio a flote”, finalizó.

No obstante, todavía existen los negocios que prefieren no sacrificar la calidad de las elaboraciones frente al desabastecimiento. Orlando, dueño de otro restaurante en la Habana Vieja, opina que mejor no poner en la carta un plato que no se preparar con las condiciones que se esperan, en aras de conservar el prestigio labrado antes de la pandemia. Señaló, además, que el problema es sistémico: quien está acostumbrado a algo mediocre, piensa que exigir comida apetitosa es pedir demasiado; que “la escasez permanente logró que el cubano se adaptara a comer mal”.

Otros profesionales de la cocina indican que la carencia de insumos no es excusa suficiente, incluso cuando es verdad que la poca exigencia de los comensales ha influenciado la falta de atención de las calidades de los alimentos y servicios. Maribel, cocinera de una paladar menciona que “hay muchos improvisados” en el negocio de la comida a domicilio, “gente sin vocación y sin condiciones”. Pero de que las personas compran, aún cuando la comida deja mucho que desear, es una realidad. “El cubano se ha vuelto sancochero”, aseveró Maribel.


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