martes, septiembre 21, 2021
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Rusia vuelve a meter la cuchareta y acusa a Estados Unidos de intentar provocar disturbios en Cuba de forma deliberada

Rusia ha acusado a Estados Unidos de intentar provocar deliberadamente disturbios desde dentro en Cuba, como parte de un manual de juego probado para derrocar a gobiernos enemigos en todo el mundo.

Después de que el presidente Joe Biden respaldara algunas de las mayores protestas en décadas que han sacudido la isla de Cuba, Moscú ha salido en defensa política de su aliado de la época de la Guerra Fría.

La portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, Maria Zakharova, criticó la postura de Washington y le acusó de intentar fomentar una “revolución de colores”, en referencia a los levantamientos prodemocráticos, a menudo prooccidentales, que se han producido en otros países, incluidos los del antiguo bloque soviético.

“La lógica es simple en este caso”, dijo Zakharova. “Ha sido probada en numerosas ocasiones por Washington en diversas situaciones, pero todo es un mismo modo de operación: instigar revoluciones de color contra regímenes indeseables”.

A continuación, expuso lo que, según ella, es la estrategia de Estados Unidos.

“Al principio, se introducen sanciones contra ellos y se crean o imponen problemas artificiales desde el exterior, que complican la situación social y económica”, dijo Zakharova.

“Sobre esta base, se provocan tensiones y se agita el sentimiento antigubernamental. Cuando se alcanza una masa crítica, se echa toda la culpa al gobierno nacional. Se le ponen etiquetas, se desacredita su actividad y así la situación se acerca al colapso”, agregó.

En Cuba, argumentó, “se ha intentado utilizar el mismo esquema”.

El país ha estado sometido a más de seis décadas de embargo estadounidense derivado de la adopción del comunismo por parte del revolucionario Fidel Castro tras la revolución de 1959. La Unión Soviética intervino entonces para apoyar a Cuba, e incluso intentó desplegar armas con capacidad nuclear en un incidente que desencadenó la crisis de los misiles cubanos de 1962.

Pero el colapso de la URSS provocó problemas económicos en La Habana.

El ex presidente Barack Obama, del que Biden fue vicepresidente, levantó una serie de restricciones contra Cuba, pero su sucesor, el ex presidente Donald Trump, redobló los intentos de aislar a la isla. Hasta ahora, Biden ha mantenido estas medidas más estrictas, a medida que las dificultades económicas de Cuba se vieron agravadas por la pandemia del COVID-19 y la pérdida de los muy necesarios ingresos por turismo.

La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Jen Psaki, dijo a los periodistas el miércoles que “apoyamos no sólo el papel de la protesta pacífica, sino que estamos con el pueblo cubano en su llamamiento a la libertad tanto de la pandemia como de las décadas de opresión y sufrimiento económico al que han sido sometidos por el régimen autoritario de Cuba”.

El secretario de Estado, Antony Blinken, advirtió el lunes que “sería un grave error que el régimen cubano interpretara lo que está ocurriendo en decenas de pueblos y ciudades de toda la isla como resultado o producto de algo que ha hecho Estados Unidos”.

“Sería un grave error porque demostraría que sencillamente no están escuchando las voces y la voluntad del pueblo cubano”, dijo entonces el máximo diplomático estadounidense, “un pueblo profundamente, profundamente, profundamente cansado de la represión que ha durado demasiado tiempo, cansado de la mala gestión de la economía cubana, cansado de la falta de alimentos adecuados y, por supuesto, de la respuesta inadecuada a la pandemia de COVID”.

Rusia, por su parte, ha expresado su desconcierto ante tales comentarios.

“A pesar de todas las medidas de apoyo a la economía del país y de asistencia a los ciudadanos adoptadas por las autoridades centrales cubanas, Washington les culpa de la crisis actual”, dijo Zakharova el jueves. “Alegan que La Habana se niega a aceptar la ayuda estadounidense, no está dispuesta a participar en los mecanismos internacionales de distribución de vacunas y lleva a cabo una política antipopular en general”.

Dijo que la posición de Moscú era que “Washington asumiera por fin una posición objetiva, que se deshiciera de la hipocresía y de las agendas ocultas en la política, y que dejara a los cubanos, a su gobierno y a su pueblo, ocuparse de la situación por sí mismos y determinar su destino”.

“Y si Washington está realmente preocupado por la situación humanitaria en Cuba y quiere ayudar a los cubanos de a pie”, añadió, “tienen que empezar por ellos mismos, levantando el bloqueo, al que se opuso desde el principio toda la comunidad mundial”.


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