viernes, septiembre 17, 2021
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¿Cómo China y Huawei ayudan al Gobierno cubano a mantenerse a flote y en los “apagones” continuos del internet en la Isla?

El Gobierno cubano se ha habituado a cortar todos los servicios de acceso a Internet y de telefonía para la población cada vez que en la isla se da algún tipo de revuelta o manifestación de oposición al régimen, como sucedió durante y tras las históricas manifestaciones populares masivas del pasado 11 de julio, cuando la desconexión duró poco más de una semana; pero este estratégico movimiento no hubiera sido posible sin la participación clave del Gobierno de China en el asunto.

El sector empresarial chino ha sido el principal responsable por la construcción y el desempeño de la infraestructura de telecomunicaciones de la isla, y ambos regímenes totalitarios han entendido que lo mejor para sí es controlar a su pueblo dentro de sus propias fronteras, como lo hacen el Partido Comunista de Cuba (PCC) y el Partido Comunista Chino (PCC), tan parecidos como sus propias siglas.

El senador estadounidense Marco Rubio advirtió vía Twitter sobre este conocido movimiento chino cuando comenzaron las protestas en Cuba, alegando que no sería causalidad que los servicios de internet y de telefonía celular en la isla se bloquearan de repente si se usa “un sistema hecho, vendido e instalado por China”.

El monopolio de las telecomunicaciones de la isla, ETECSA, solo cuenta con proveedores del país asiático: Huawei, TP-Link y ZTE.

Las intervenciones de Beijing en aplacar los disturbios cubanos dejan en evidencia su interés en que el régimen en la isla continúe y su apoyo para que esto suceda.

El Observatorio Abierto de Interferencias en la Red denunció que había encontrado rastros de código chino en las interfaces de los portales Wi-Fi cubanos; y la organización sueca Qurium denunció que Cuba utiliza el software eSight (de Huawei) para filtrar las búsquedas en la web.

Aunque estos países establecieron relaciones diplomáticas en septiembre de 1960, estas han sido muy complejas, pues estuvieron en lados opuestos de la división sino-soviética durante la Guerra Fría y de las luchas de liberación nacional en África, y sus líderes (Mao Zedong y Fidel Castro) se enfrentaron verbalmente en más de una ocasión por la supremacía ideológica del bando Comunista mundial.

Además, China nunca ha querido desprenderse demasiado de la ventaja que proporciona ser un aliado comercial de Estados Unidos. Sin embargo, el país asiático fue uno de los principales apoyos de la isla para sobrellevar el Período Especial de la década de 1990, tras el colapso de la Unión Soviética.

Por supuesto, China (como cualquier potencia mundial) reconoce la importancia geoestratégica de Cuba, ínsula que constituye una gran influencia militar y económica contra Estados Unidos, sirviendo para bloquear e intervenir las vías marítimas de los puertos de Miami, Nueva Orleans y Houston, además de funcionar como un perfecto portaaviones insular, como mismo hizo la extinta Unión Soviética.

También, la influencia de Cuba en el Caribe podría ser la clave para que Taiwán deje de ser reconocido como país por las 4 naciones de la región que lo hacen (de entre las 15 a nivel mundial).

Por su parte, el interés de Cuba es evidente y meramente económico, pues la superpotencia mundial china es el mayor socio comercial de Cuba en la actualidad, de acuerdo con cifras e informaciones divulgadas por el Ministerio de Asuntos Exteriores chino.

La mayor fuente de asistencia técnica de Cuba se ha asentado en numerosos sectores de la economía de la isla y ha realizado inversiones millonarias en muchos otros. Aunque los lazos comerciales con China son muy explícitos en todas las ramas de la economía cubana, estos son fácilmente reconocibles por la generalización de los automóviles de Geely, los camiones de SinoTruck, los autobuses de Yutong, los electrodomésticos de Haier, la tecnología móvil, etc.

Además, el Instituto Confucio de la Universidad de La Habana fue uno de los primeros establecidos en América Latina.

De acuerdo con lo planteado en un artículo de 2016 de China Business Network, el apoyo chino al desarrollo de las telecomunicaciones en la isla han sido “firmes como una roca en medio de la corriente”. Empresas chinas financiaron y construyeron de forma parcial el cable submarino ALBA-1 entre Cuba y Venezuela, lo que permitió enlazar la arquitectura de telecomunicaciones del país caribeño con Amércia del Sur.

Los últimos años han atestiguado la gran cantidad de contratos de Cuba y compañías chinas como Huawei, ZTE y TP-Link, en función de obtener suministros de Internet gracias a puntos de acceso, teléfonos y otras infraestructuras dispuestos a todo lo largo de la isla.

Cuba es solo un ejemplo de la exportación de “autoritarismo digital” chino hacia otras regiones. La empresa de telecomunicaciones china ZTE apoyó el establecimiento del sistema de “carnet de la patria” en Venezuela, el que se utiliza para controlar el voto, distribuir los escasos paquetes de alimentos (conocidos como cajas “CLAP”) y hasta las vacunas contra el coronavirus.

Para el Gobierno de Estados Unidos, estas alianzas político-tecnológicas constituyen una amenaza, al estar geográficamente próximo a Cuba y tener tantos lazos familiares defendiendo la cercanía entre ambos países. Por tanto, China apoya sistemas autoritarios cual incubadora, especialmente cuando provee recursos a países como Cuba, mientras consolidan el poder.

Entonces, antes los desafíos que determinan estas relaciones políticas e infraestructurales, Estados Unidos debería considerar:

  • Prestar más atención a la competencia estratégica con China que se desarrolla en Cuba y en la región en general.
  • No tratar de “bloquear” a sus socios latinoamericanos para que hagan negocios con China, sino concentrarse en ayudar a los socios de la región a mantener esa relación de la forma más saludable y productiva posible, potenciando la transparencia en los acuerdos.
  • Involucrar un mayor apoyo a las iniciativas de “buena gobernanza”, lo que incluye ayudar a los socios a planificar y filtrar más eficazmente las inversiones en infraestructuras críticas, realizar evaluaciones técnicamente sólidas de las subastas públicas y reforzar los sistemas legales y la aplicación de la ley para garantizar que las empresas chinas y de otro tipo cumplan las leyes de los países y sus compromisos contractuales.
  • Ofrecer alternativas viables a los sistemas chinos que Estados Unidos pide a sus socios que abandonen, recurriendo a naciones democráticas afines y a sus compañías líderes en el ámbito, como Nokia (con sede en Finlandia) y Ericsson (en Suecia). Las naciones podrían encontrar ayuda para financiar dichas alternativas en instituciones como la Corporación Financiera de Desarrollo de Estados Unidos y el Banco Interamericano de Desarrollo.
  • Tratar de aumentar el apoyo a sus socios para proteger la privacidad y la seguridad de sus ciudadanos frente a actores malignos como China.

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