martes, enero 18, 2022
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La vida de los descendientes de los Castro en Cuba que ningún cubano de a pie se puede pagar

La dinastía de los Castro ha sido famosa por la vida de lujos que se ha agenciado desde 1959, y que para el resto de la población cubana es impensable.

Hijos, nietos, sobrinos… la familia tiene acceso a viajes al exterior, fiestas, automóviles, yates, hospedajes, joyas, calzado, vestimentas, alta gastronomía, costosos vinos y más gozos con los que los cubanos de a pie ni sueñan.

Y es que el igualitarismo que compone la base del sistema social cubano no implica que realmente todos sean iguales.

Los descendientes de Fidel y Raúl Castro han obtenido beneficios bajo el sello de un apellido imponente. El abogado cubano Manuel Viera, miembro del disidente Movimiento San Isidro, cuestionó en Facebook el día en que el resto de los cubanos podrán «ir a los lugares donde van sus hijos», ponerse un Rolex como Miguel Díaz-Canel, o comprar carteras en Carolina Herrera como Lis Cuesta, la primera dama, evidenciando el rencor de tantos habitantes de la isla hacia la opulencia que se permiten otras figuras de la muy negada clase gobernante, a la vez que el pueblo sufre carencias de alimentos, medicinas, y más productos de primera necesidad.

En redes sociales se hizo eco recientemente de esta división de clases, cuando Sandro Castro Arteaga, nieto de Fidel y de Dalia Soto del Valle, alardeó en internet un automóvil de lujo por las calles de la capital. Su padre Antonio también es reconocido por sus viajes de recreo a Grecia y Turquía. Sandro se vio obligado a realizar una disculpa pública, aunque poco más tarde reapareció en redes ostentando sus placeres cotidianos.

En 2019, en medio de una aguda escasez de combustible, también se hizo notar por vanagloriarse de otro vehículo con tanque lleno.

Fidel explicó en 2005 que su salario correspondiente al cargo de presidente de los consejos de Estado y de Ministros subió de 750 a 900 pesos cubanos, y que con ese ingreso mensual ayudó a una tía materna, sufragó el alquiler de su casa y pagó la cuota del Partido Comunista de Cuba, aunque fue claro en que tampoco se moría de hambre.

No obstante, para su consumo exclusivo instaló una estratégica estructura de control y seguridad que produjo habanos, lácteos, pescados, mariscos, helados o ron. En este caso se encontraban unos puros elaborados únicamente para el comandante y el ron Exquisito, que solo pasó por sus manos hasta que salió al mercado a finales de la década de 1990.

Los Castro Soto del Valle viajaron el mundo por motivos turísticos durante las décadas de 1970 y 1980, todo gracias a financiamiento sacado de los fondos estatales, y estudiaron en una escuela primaria “privada” como privilegio de la dirección comunista en los años 60 y 70 en La Habana.

El caso de Raúl ha sido abiertamente nepotista. El general cubano Luis Alberto Rodríguez López—Calleja, su ex yerno, es el líder del conglomerado empresarial militar GAESA, que controla gran parte de la economía nacional.

Raúl Guillermo, nieto y guardaespaldas, goza de prerrogativas en negocios con grupos musicales. El coronel Alejandro Castro Espín, su hijo, se mueve a la sombra como jerarca y estratega político—militar.


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