jueves, diciembre 9, 2021
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Cubano viaja a Rusia para chocar por primera vez con el «capitalismo» y decide abandonar para siempre Cuba junto a su familia: «Empecé a ver cosas que ni remotamente pensé que existieran»

José García llegó a Rusia junto a su esposa por motivos vacacionales, dado que ofrecía libre visado para los ciudadanos cubanos y sentían ansias irremediables de conocer la nieve. Aprovecharon el viaje turístico para comprar mercancía en Rusia que fácilmente pudieran importar a la isla para revender, por lo que vendieron muchísimas de sus pertenencias para juntar los altísimos montos requeridos para el viaje hacia latitudes rusas.

Pero terminó siendo mucho más que un viaje de turismo: «Llegamos a Moscú y empecé a ver cosas que ni remotamente pensé que existieran. Cosas tan sencillas como un supermercado, un Burger King, cosas de esas que en Cuba no las hay. Y ahí dije: pero no puede ser posible entonces que el capitalismo sea tan malo».

García y su esposa volvieron a Cuba 2 días después de que Fidel Castro muriera, en el año 2016. Regresaron eufóricos por emigrar de una vez, y pensaron que antes de decidir definitivamente el irse a vivir al país euroasiático, debían primeramente llegar a un país más pobre que uno del primer mundo para sondear el terreno.

Viajaron entonces a Guyana Inglesa, y comprobaron que el país que ellos pensaban que vivía inmerso en la pobreza, en realidad experimentaba un capitalismo floreciente, con una calidad de vida mucho mejor que la de la mayoría de los cubanos en la isla.

José, ahora un hombre hecho y derecho de 42 años de edad, nació en el seno de una familia muy humilde, pues aunque nunca le faltó la comida, en su casa casi no podían ni vestir, por lo que se vio obligado a estudiar un Técnico Medio en Refrigeración antes que ir a la universidad (para la que tenía promedio) porque el dinero no daba.

Mejoró su posición laboral y social trabajando en hotelería y turismo, sector donde conformó gran rechazo por el sistema comunista que rige la isla, asegurando que el «sociolismo» y el nepotismo componen la mafia que dirige a todas las entidades estatales del país.

Aunque él reconoció que gozaba de una posición económica privilegiada y tenía un almacén, domicilio, trabajo en Cayo Coco, taller y automóvil propios, su vida acomodada en Cuba no se comparaba ni remotamente con la que podía llegar a labrarse en un país capitalista.

Con la decisión de emigrar ya tomada, solo faltaba elegir un destino. Un amigo residente en Córdoba (Argentina) lo invitó a conocer el país en 2017, y le pareció una buena idea dado que exiliarse en Estados Unidos se estaba volviendo demasiado complicado con la recién comenzada administración de Donald Trump, y viajar a España con su visa de turismo hubiera significado dejar a sus hijos en Cuba.

José regresó a la isla desde Argentina y vendió todas sus propiedades para emigrar de una vez por todas, consiguiendo un contrato de trabajo para sí y otro para su esposa para legalizarse en la nación sudamericana.

Desde llegados en el 2018, ambos tienen trabajo estable, un automóvil y sus hijos van a la escuela pública, que es gratuita y aseguró que no tiene nada que envidiarle a la cubana.

Con respecto a las históricas protestas populares masivas del pasado 11 de julio en Cuba, José ha defendido el criterio de que estas manifestaciones no derrocarán al comunismo en Cuba, pero sí significaron un gran paso en el camino, pues aseguró que ahora el Gobierno estudiará meticulosamente cada decisión para no enfadar a las masas.

Criticó la falta de libertad (en todos los sentidos) que existe en la isla, la creciente escasez de productos básicos que ahoga cada vez más al pueblo, y la incapacidad del Gobierno actual, no solo para dirigir un país, sino también para convencer y domar a la población, algo que en lo que aseguró que Fidel Castro era todo un experto.

José reconoció que Castro supo «cegar a todos los cubanos y dormirlos con cantos de hadas y de sirenas durante todo su mandato» gracias a su grandísima inteligencia; y como sus sucesores no han sabido seguir sus pasos debidamente y el hartazgo popular se ha desbocado con el paso de las décadas sin ver un cambio para mejor, las generaciones que hoy tienen 30 años de edad y menos «ya no le deben nada a la Revolución» ni tienen esa adulación ciega por ella.

Opinó que los más jóvenes son los que están encabezando la ofensiva opositora, pues no están embelesados por una historia de hitos rebeldes y cuentos de guerra que nadie nunca ha podido confirmar si es verdadera o si se trata de un perfecto discurso manipulador; no les importa el pasado, les molesta el presente y la realidad de miseria y dolor que vive el pueblo cubano hoy.

José no tiene una mejor palabra que «dictadura» para describir a Cuba, por eso manifestó su pleno apoyo a la causa libertadora popular cubana que finalmente ha tomado fuerza.


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