martes, enero 18, 2022
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Cuando un presidente coge a los santos pa´ sus cosas tratando de resolver

El presidente Miguel Díaz-Canel ha mantenido varios encuentros con las religiones afrocubanas desde el comienzo de su mandato; una de las más conocidas fue la de hace 2 años, durante la Fiesta del Fuego en Santiago de Cuba, cuando babalawos le regalaron una mpaka bendecida para que fuera su «talismán» en la ardua responsabilidad de dirigir la isla.

Aunque los representantes de estas religiones nunca han estado de acuerdo con el uso desmedido y oportunista que se le ha dado a su cultura en la política castrista, los sacerdotes de Ifá en ese momento asumieron la autoridad de Díaz-Canel sin mayor recelo.

Pese a la ofrenda, el presidente cubano no ha podido tener peor fortuna durante su aún breve mandato: sucedió una serie de desastres naturales y accidentes fatales de repercusión nacional como la colisión del avión Boeing 737 y el inesperado tornado de enero de 2019, la situación «coyuntural» que se convirtió en la peor crisis económica de los últimos 30 años, la llegada de la pandemia del coronavirus, la implementación de una ambiciosa reforma económica general que debía haberse aplicado hace una década, y un gravísimo escenario de desabastecimiento crónico, tiendas en Moneda Libremente Convertible (MLC), represión, censura, feminicidios, apagones, difamación, colapso del sistema sanitario nacional y una inminente revuelta popular nacida del profundo descontento civil, la más grande en la historia de Cuba desde triunfada la Revolución de Fidel Castro.

La administración de Díaz-Canel ha sido igual de totalitaria que las de los Castro, y sus dictatoriales posturas han sido igualmente dañinas y discriminatorias contra la población negra cubana; por tal razón es que causó gran polémica la foto del actual mandatario visitando recientemente el reparto habanero de La Güinera (Arroyo Naranjo) y siendo escoltado por la santera Iliana Macías.

Allí, donde se produjo la única muerte reconocida por el oficialismo durante las protestas del 11 de julio, el primer secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC) fue ‘alegremente recibido’ por la población del barrio, de acuerdo con la prensa estatal.

Esta afirmación resultó muy difícil de creer considerando que esta barriada ‘marginal’ y olvidada nunca ha sido interés del Gobierno y la población, dejada a vivir en la miseria, siempre lo ha resentido. Las imágenes compartidas del recorrido mostraron claramente que el grupo de «vecinos» que acompañaron al gobernante no eran más que agentes de la Seguridad del Estado y uno que otro simpatizante que no tuvo más remedio que asistir al encuentro, pues nadie en su sano juicio demostraría abiertamente su devoción y apoyo al ideal castrista en uno de los barrios más pobres de la capital, poblado por opositores.

En la misma locación donde Diubis Laurencio Tejeda murió baleado por la Policía cubana, el mandatario quiso congraciarse con los orishas y dar un burdo espectáculo de populismo, ayudado por Macías, quien presentó a Díaz-Canel ante las deidades del panteón yoruba, ‘cogiendo a los santos pa´resolver’.

Nadie que conozca la realidad de esas calles sin brillo, atiborradas de violencia, prostitución, alcoholismo y consumo de estupefacientes, confiaría en la mirada triunfalista que intentaron vender los medios de prensa oficialistas.

Pero Ileana Macías no está engañada de su realidad; es más, admitió en una entrevista con el periódico Granma que La Güinera es un barrio «periférico, insalubre y marginal». Está consciente de las desigualdades sociales, económicas, de raza y color de la piel, de religión e ideología que existen en la isla, y de que los dirigentes con los que se le asocia últimamente son solo la continuidad de una gran farsa política.

Es difícil de entender, pero la realidad concuerda con que son, en su mayoría, negros los presidentes del Comité y delegados de la circunscripción, las personas que van recogiendo la cotización en los centros de trabajo, los que participan en actos de repudio o integran las brigadas de respuesta rápida para proteger un sistema que no solo no es recíproco, sino también que además los hunde más en la miseria.

A los negros, la Revolución solo les ha dado la ilusión de pertenecer a algo que prometió ser grande, y que se devino en pedazos, y la defienden como si obviaran el rechazo y hasta el acoso que recibían los practicantes de las religiones africanas en las primeras décadas del cambio.

Por tanto, la «consulta» en casa de Macías resultó meramente un paripé ridículo, del que ella terminó perdiendo legitimidad.


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