martes, octubre 19, 2021
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En Cuba, los abuelos comían mucho mejor que los cubanos que de hoy

Por muy ridículo que parezca, los esclavos que vivían en Cuba en el siglo XIX se alimentaban mejor que los cubanos de este 2021, algo evidenciado por el célebre investigador Manuel Moreno Fraginals en su ensayo “El ingenio”, mostrando que aquellos reos consumían media libra de carne de res, tasajo (carne vacuna ahumada y seca) o bacalao (pescado salado), junto 500 gramos de harina de maíz y raciones de boniato, yuca, calabaza o fufú de plátano, lo que conformaba su alimentación diaria per cápita.

Los esclavos también podían comer tostones de plátano, funche (guiso de maíz), frituras, guisos de quimbombó, viandas con mojos (malangas, plátanos, ñame), chilindrón de chivo y congrí, una dieta que el mismo autor del libro consideró como que “satisfacía con creces las necesidades calóricas y proteínicas para cada jornada de trabajo”.

Si bien cualquiera pensaría que es más que lógico alimentar de tan buena manera a personas que se sometían día a día a trabajos forzados inhumanos, el cubano del siglo XXI que tiene que laborar en el surco con la misma infraestructura con la que se trabajaba hace 60 años no llega a comer, ni de cerca, media libra diaria de cualquiera de las carnes mencionadas, y a duras penas logra consumir la de pollo.

Ni la producción agrícola nacional ni la importación son suficientes para que la población cubana pueda alimentarse. Tampoco alcanzan el arroz, los frijoles, las viandas o el aceite.

Moreno Fraginals apuntó en su investigación que Cuba contaba en el año 1850 con 1.000.000 de habitantes e importaba anualmente 8.000 toneladas de bacalao, 16.000 toneladas de tasajo, 700 toneladas de carne salada de vaca y puerco, 800 toneladas de jamón y 200 toneladas de tocino, lo que arrojaba un per cápita de 55,7 libras anuales de carne solamente importada.

La Cuba de hoy solo alcanzaría esos datos si el país importara unas 200.000 toneladas de carne de res y de cerdo y produjera nacionalmente 10 veces más carne.

El autor destacó también que el consumo de carne en la isla siempre fue “muy elevado” y que los ingenios de Sancti Spíritus y Camagüey preferían alimentar a sus esclavos con carne fresca de forma exclusiva antes que con tasajo, pues resultaba más económico.

En uno de los ingenios más ricos y conocidos del país por ese entonces (y cuyo legado ha llegado hasta nuestros días), “Las Coloradas” de la familia Valle Iznaga (Las Villas), se sacrificaban 11 reses mensuales para la alimentación de sus 260 esclavos.

Incluso los que construyeron la línea del ferrocarril Habana-Güines en 1836 recibieron mejor dieta que un cubano del 2021, con media libra de tasajo (o carne fresca), media libra de plátanos machos y 18 onzas de harina de maíz.

Los nutricionistas insisten en que una persona adulta debe consumir a diario 0,8 gramos por kilogramo de peso corporal, por lo que, por ejemplo, quien pese 75 kilogramos (165 libras), debe ingerir entre 55 y 60 gramos de proteína al día, más rica en alimentos de origen animal. Pero en Cuba existen 100.000 reses menos que en 1918, con una población cuatriplicada.

Se desconoce la cantidad de carne de res que come un cubano actualmente, lo que impide comparar con estadísticas oficiales que indican que en 1958 los residentes en la isla ingerían 6,7 libras mensuales per cápita del alimento.

La falta de proteínas es un problema serio que afecta a los cubanos hoy en día, pudiendo adquirir 60 gramos de proteína de un solo bistec de res de media libra; el doble de los 36 gramos de un bistec de puerco y un 30% más que los 42 gramos que aporta media libra de pollo.

Opciones de carnes magras como la de pavo o la de pollo son, desde hace unos meses, la única proteína que consume el cubano, y porque se venden en las tiendas en moneda nacional. La libra de pollo mensual que se le asigna a cada persona por la libreta de abastecimiento es irrisoria en contraste con las 15 libras mensuales de carne de los esclavos.

Y ni pescado, mariscos o bacalao. Tampoco quesos y otros derivados de la leche. Los huevos son un producto de reventa, con precios astronómicos. Los frijoles son muy caros y los de la libreta solo alcanzan para una o dos comidas. Vegetales, frutas y viandas circulan, a precios altos, pero al menos existen.

El llamado “Estado del proletariado”  se apropia, como dueño de los medios de producción, de la plusvalía generada por el obrero en el tiempo de “trabajo adicional”, pero a cambio se debe retribuir en un salario íntegro en correspondencia. En Cuba, los sueldos son tan bajos que no alcanzan para garantizar una alimentación balanceada y saludable. Encima, los ciudadanos no gozan de derechos individuales, pasan hambre y no tienen medicamentos.


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