jueves, octubre 28, 2021
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Noel Díaz, la historia de un cubano que lleva casi 60 años viviendo dentro de la Base Naval de Estados Unidos en Guantánamo por culpa de Fidel Castro

En febrero de 1964, el cubano Noel Díaz estaba trabajando como empleado en la Base Naval estadounidense en la Bahía de Guantánamo cuando decidió quedarse en su cuartel y ver un partido de béisbol en lugar de regresar a su casa, en el lado cubano de la valla.

Poco sabía él que esa decisión le salvaría la vida.

Al día siguiente, se enteró de que los soldados del ejército de Fidel Castro lo estaban persiguiendo.

“Mi vecino de al lado que vivía en el lado cubano me llamó y me preguntó si había salido la noche anterior. Dije: ‘No, ¿por qué?'”, recordó Díaz.

“Él dijo: ‘Bueno, había unos ocho soldados buscándote'”.

Al principio, Díaz no podía entender por qué los hombres de Castro lo querían, pero pronto se dio cuenta de que un amigo cercano lo había vendido al naciente régimen comunista después de una conversación informal que tuvieron días antes.

Cartel del Centro Comunitario Cubano en la Estación Naval de los Estados Unidos en la Bahía de Guantánamo

“Empezamos a hablar y me dijo, ‘Bueno, ¿qué piensas de la situación en Cuba ahora?’ Yo dije ‘Bueno, quiero decir, no hay nada para comer, no hay trabajo, parece que el comunismo se va a apoderar’. y bueno, no tenía nada bueno que decir ”, dijo Díaz, que tenía 32 años en ese momento.

Esa conversación definiría el resto de su vida. Al no poder regresar a casa, el gobierno de los Estados Unidos le concedió permiso para vivir en un enclave de la estación naval hasta que estuviera a salvo.

Díaz, ahora de 88 años, no ha puesto un pie en Cuba desde entonces y no cree que pueda regresar nunca.

La Base de la Bahía de Guantánamo, que después de los ataques terroristas del 11 de septiembre se hizo famosa por albergar a detenidos en la guerra contra el terrorismo de Estados Unidos, fue la primera estación naval establecida fuera de Estados Unidos.

Cartel de bienvenida dentro del Centro Comunitario Cubano en la Bahía de Guantánamo

Es un botín de la Guerra Hispano-Estadounidense, cuando las fuerzas cubanas y estadounidenses lucharon contra la bahía estratégicamente ubicada del control español, lo que ayudó a allanar el camino para victorias cruciales más adelante en el conflicto.

Desde 1903, Estados Unidos le ha alquilado la tierra a Cuba. El contrato de arrendamiento original costó $ 2,000 por año. Desde mediados de la década de 1970, Estados Unidos le ha pagado a Cuba $ 4.085 por la tierra, aunque los Castro nunca aceptaron el dinero.

A principios de la década de 1960, tras la Revolución Cubana en la que Fidel Castro se abrió camino al poder y estableció un gobierno comunista, unos 350 cubanos escaparon a la base estadounidense en el extremo sureste de la isla.

Algunos de los cubanos exiliados se trasladaron a Estados Unidos, pero una pequeña cohorte, incluido Díaz, se quedó en la base y se ganó la vida en su suelo natal bajo la protección del gobierno de Estados Unidos.

Hoy, solo quedan 19 exiliados cubanos, conocidos como Residentes de Categoría Especial, en la base.

La base brinda atención médica a la comunidad que envejece, cuyo miembro más joven tiene ahora 78 años y el mayor tiene 92.

El gobierno de los Estados Unidos incluso ha construido un centro de atención médica domiciliaria para quienes no pueden vivir solos.

Las banderas cubana y estadounidense se sientan en una mesa en el Centro Comunitario Cubano en la Estación Naval de los Estados Unidos en la Bahía de Guantánamo

Díaz vive en una casa baja de mediados de siglo al otro lado de la calle del Centro Comunitario Cubano en uno de los varios complejos residenciales en la base.

Su casa está llena de adornos navideños, una oda a su nombre de pila, Noel, que se puede ver junto con fotografías y otros recuerdos de una vida que pasó al servicio de la base.

Sobre un manto de su sala de estar hay una placa que conmemora los 55 años de servicio de Díaz.

Durante cinco décadas y media, trabajó como empleado en la base, principalmente a cargo de pedir combustible para vehículos privados. Se retiró en 2011.

En su tiempo libre, jugaba béisbol y arbitraba partidos para soldados estadounidenses y otras personas que vivían en la base.

Finalmente, obtuvo la ciudadanía estadounidense, y aunque ha viajado a los Estados Unidos muchas veces y tiene un hijo que vive en Florida, prefiere vivir en la isla donde nació.

Sociable y desenfadado, Díaz bromea diciendo que no haría una película de su vida, pero reconoce que es parte de una peculiaridad poco conocida de la historia.

Ahora pasa su jubilación leyendo sobre los eventos en Cuba en el gran monitor de computadora en su sala de estar.

Casi 60 años después de la última vez que puso un pie en Cuba propiamente dicha, todavía piensa en su comunidad y en cómo habría sido la vida si hubiera regresado a casa esa noche hace tantos años.

Pero no se arrepiente de cómo ha resultado su vida.

“Lo que extraño de no vivir allí es a algunas de las personas con las que me hice amigo y que extraño, la oportunidad de sentarme y hablar con ellos”.


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