lunes, octubre 25, 2021
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Cuba y la cacería de brujas contra los revendedores de medicamentos en el mercado negro en la isla

Los hostigados “revendedores” y “acaparadores” de medicamentos, pese a constituir una sólida red farmacéutica privada y furtiva (necesaria para cubrir la rotunda falta de oferta del Estado cubano), son víctimas de un fuerte despliegue gubernamental para su caza y encarcelamiento.

Pero antes de castigar a todos los que proveen una solución al problema de crítica escasez de medicamentos que el propio Gobierno cubano ha provocado en la isla, el oficialismo debería reconocer de una vez que el problema tiene raíz en la centralización y monopolización estatal de la economía.

El diario oficialista provincial de Cienfuegos, 5 de Septiembre, publicó recientemente todo un reportaje contra los 31 “acaparadores” y “revendedores” que fueron condenados a prisión en ese territorio bajo cargos de “actividad económica ilícita” y “tenencia de drogas”.

A estos les fueron decomisados 20 tiras con cápsulas de Azitromicina y 29 bulbos de Rocephin (antibióticos antibacterianos muy demandados para el tratamiento de COVID-19), junto con otros 45 medicamentos e insumos médicos.

No obstante, la nota informativa explicó que la mayor parte de las medicinas incautadas fue importada legalmente al país gracias a la suspensión de aranceles aduanales para la entrada de productos de primera necesidad en calidad de donativos.

El texto calificaba a los viajeros que importaron los medicamentos para venderlos como personas corrompidas por la “ambición” y el “oportunismo”, explicando también que la otra parte de la mercancía provenía de centros hospitalarios nacionales, producto de robos llevados a cabo por trabajadores de Salud Pública, ilegalidades que el oficialismo tradujo como “fisuras en nuestras instituciones de Salud que permiten el escape de medicamentos”.

Los viajeros que llegan a la isla cargados con productos deficitarios suelen satisfacer las necesidades de sus familias y allegados y venden el excedente de forma clandestina a los precios que impone la ley de oferta y demanda (que son extraordinariamente caros).

Asimismo, los cubanos que sustraen los medicamentos de farmacias y hospitales solo lo hacen para poder sustentarse (debido a sus muy pobres salarios) y para dar mayor distribución a estos artículos y que no queden únicamente en manos de los más privilegiados del país.

Aunque el Gobierno no quiera verlo, los “acaparadores”, “revendedores” y “coleros” son solo el resultado del régimen que lleva sufiendo la isla por más de 60 años, y no la causa de la escasez.

Si no fuera por el mercado negro, la población cubana andaría desvestida, descalza, desnutrida y casi muerta por la severa escasez que ha arrasado con la oferta.

Y es que resulta increíble pensar que después de tantas décadas, todavía los gobernantes cubanos se hallan ilusos (u obstinados) sobre la factibilidad de una economía sin propiedad privada.

Y ni el gran impacto que ha tenido el virus en la isla ha motivado al Gobierno a permitir el comercio privado de medicamentos de forma excepcional. En cambio, ha decidido arrasar el mercado informal de este producto, utilizando nuevas tecnologías de hackeo de chats y la intervención ilegal y descarada en grupos de WhatsApp y de Telegram.

Recientemente, el Noticiero de la Televisión exhibió varios chats y mensajes de audio privados, entre los cuales se encontraban personas enfermas o con familiares padeciendo alguna enfermedad solicitando antibióticos como Rosephin, Azitromicina, Amoxicilina, Ciprofoxacina, Cefalexina, y analgésicos y reducidores de fiebre, como Dipirona y Paracetamol. Los centros de salud y las farmacias no disponen de estas medicinas, por lo que la población se ve a su suerte.

En dicho espacio informativo, un oficial del Ministerio del Interior (MININT) explicó que los revendedores de fármacos “ocultan su número de teléfono y dan un nombre falso para que no se localice la procedencia del medicamento”. Y es la ley de la oferta y la demanda, por supuesto, la que fija los precios, obviamente altos.

Lo peor de la situación es que no por que el Gobierno acabe con el comercio privado habría más cantidad en farmacias y hospitales.

Tania Urquiza, presidenta BioCubaFarma, dijo hace solo unos días que en 2021 se les han ido agotando “los suministros y materias primas y el promedio de faltas mensuales ha sido de 120 medicamentos”. Entretanto, otra trabajadora de la empresa, Rita García, comunicó que lo que se está produciendo actualmente de Azitromicina, antibiótico muy empleado en el tratamiento del coronavirus, “no alcanza para llevar a la red de farmacias”.

Resumiendo, en las farmacias cubanas no hay prácticamente nada: las medicinas para hipertensos, cardíacos, diabéticos y personas con depresión o estrés crónicos llevan meses sin aparecer.

Por ahora, puede que el Gobierno sí consiga reducir el tamaño del mercado paralelo de medicinas, lo que implicaría que muchísimos cubanos no tendrán ni una pastilla para el dolor de cabeza.


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