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Gobierno reconoce que en Santiago de Cuba los centros de asilamiento se han convertido en «almacenes de gente» con COVID-19

En vez de elogiar el ritmo de trabajo que se mantiene en los centros de aislamientos para enfermos y sospechosos de COVID-19, como es la costumbre entre los dirigentes cubanos, el primer secretario del Partido Comunista en Santiago de Cuba, Lázaro Expósito, admitió que dichas instituciones en la provincia parecen más bien «almacenes de gente», algo que aseguró que las autoridades no van a continuar permitiendo.

Sus declaraciones permitieron entrever que las autoridades reconocen el caos con que se maneja la situación en el territorio, y que aplicarán, en la «fase de recuperación», medidas que debieron haber implementado en etapas anteriores de la crisis sanitaria.

El funcionario declaró que los dirigentes del Partido y el Gobierno a nivel provincial formaron equipos para visitar la zona roja de los hospitales, en aras de «conocer de primera mano las dificultades e insatisfacciones de los pacientes y el personal médico y de apoyo». También se realizarán supervisores permanentes al Laboratorio de Biología Molecular del territorio.

Con vistas a cambiar la imagen de desorden en Santiago de Cuba, caracterizado por la falta de sensibilidad en la atención a los enfermos y en los servicios necrológicos, Expósito prometió crear consultas de Infecciones Respiratorias Agudas, abrir un centro para pacientes con neumonía, mejorar la alimentación y ampliar las capacidades de hospitalización con instalaciones del Partido y del Gobierno.

Además, otras acciones se dirigirán a completar el personal de los centros asistenciales y el nivel primario de salud.

Por su parte, Beatriz Johnson Urrutia, gobernadora local, ordenó la apertura gradual de los servicios gastronómicos, la actividad bancaria, los procesos jurídicos y de transporte público. Estas medidas se darán incluso cuando el Dr. Eugenio Valdés, jefe del Grupo de Asesores del Consejo de Defensa Provincial, tildó la decisión de errónea y precipitada durante un panel informativo transmitido por Tele Turquino, pues la apertura pone en peligro el cuadro epidemiológico de una provincia que aún mantiene colapsadas las morgues, los hospitales y las funerarias.

La evaluación del experto sentenció que «ni la epidemia de dengue de 1977, donde casi el 45% de la población padeció la enfermedad, ni la de dengue hemorrágico de 1981, en la que se diagnosticaron 300.000 casos y 158 fallecidos, de ellos 102 niños», han afectado a la provincia de la forma que lo ha hecho el COVID-19.

Hasta el 15 de agosto de 2021, según las estadísticas oficiales, en Santiago de Cuba se registraban 59.242 contagios de coronavirus y 456 fallecimientos; pero entre el 16 de agosto al 27 de septiembre, la provincia reportó otros 19.076 enfermos y 234 nuevos decesos. Ello evidencia que no se trata del mejor momento para abrir los servicios, puesto que no se ha logrado controlar la expansión del virus en el territorio.

Mientras, la vida cotidiana de los santiagueros incluye el desabastecimiento, las colas en los mercados, la reventa, la corrupción, la escasez de combustible, de alimentos, de medicinas, el asedio de los inspectores, etc.

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