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Líder del exilio cubano relata cómo fue la captura y muerte de Ernesto Guevara en Bolivia

Este viernes 8 de octubre fue el 54 aniversario de la captura de Ernesto Che Guevara al sudeste de Bolivia, donde una patrulla de Rangers lo mantuvo cautivo en la Quebrada del Yuro y lo ejecutó a la mañana siguiente en una pequeña choza (que funcionaba como escuela) en el poblado de La Higuera, mientras se encontraba herido.

Félix Ismael Rodríguez, líder del exilio cubano en Estados Unidos y miembro retirado de la CIA, fue uno de los participantes en la operación de caza al Che en el país sudamericano, por lo que aparece en la icónica fotografía que retrata el asesinato.

Rodríguez recibió hace pocas semanas la Medalla de la Libertad que entrega el gobernador de la Florida, Ron DeSantis, a personas que hayan dedicado su vida a luchar contra el comunismo.

En una entrevista concedida hace poco, Rodríguez aseguró estar convencido de que el Che fue «enviado a Bolivia para que lo mataran».

Opinó además que Guevara fue, «posiblemente, el peor guerrillero del mundo», pues en casi un año de operaciones, la fracasada guerrilla boliviana no logró reclutar a un solo campesino.

Acerca de la emblemática imagen, confesó que él no hubiera deseado tomarse una foto con Guevara, si no fuera porque el jefe de inteligencia incitó al grupo a posar para la cámara que traía el piloto del helicóptero.

Contó que después de inmortalizar el suceso, «llegó la orden definitiva del gobierno boliviano de eliminarlo», y se hizo así a pesar de que el Gobierno estadounidense diera la orden de mantenerlo vivo a toda costa (pensando que podría llegar a cooperar debido a sus grandes diferencias con Fidel Castro).

Detalló que fue personalmente a discutir el asunto de la ejecución con el coronel Zenteno Anaya, quien le aseguró que se trataba de órdenes directas del presidente de Bolivia y del Comandante de sus Fuerzas Armadas.

Rodríguez contó que pese a esperar para ver si llegaba una contraorden, pasadas las 12:30 p.m. ya se estaba anunciando en la radio nacional que el Che había muerto.

Entró a la habitación cuando supo que «no había ninguna contraorden que podría llegar». Entonces, entró a la habitación y le dijo: «lo siento comandante, son órdenes del alto mando boliviano». La respuesta inmediata del Ché fue ponerse «blanco como un papel», al entender lo que significaba la expresión, pero dijo: «es mejor así, yo nunca he debido de haber caído preso vivo».

Entonces, el Ché sacó una pipa que quería dar a «un soldadito que se había portado bien con él» y que se rehusó a entregar excepto a él.

Luego de guardar la pipa en su bolsillo, Rodríguez le ofreció hacer llegar algún mensaje, y el comandante dijo: «bueno, si puedes dile a Fidel que pronto verá una revolución triunfante en América».

«Después ya cambió de expresión y me dijo, ‘si puedes dile a mi señora que se case otra vez y que trate de ser feliz'», fueron las últimas palabras. «Vino, nos dimos la mano, nos dimos un abrazo y se paró en atención, pensando que era yo el que le iba a tirar», explicó Rodríguez.

También esclareció que siempre se trataron con respeto, «no es como dice el Gobierno cubano que me escupió y me dijo que él no hablaba con traidores, ni tampoco tomó ese miedo como dicen acá».

Finalizando, relató que salió de la habitación y le ordenó al sargento Terán y al teniente Pérez «que no le tiraran del cuello para arriba, porque se supone que debía morir de heridas en combate», al haber instrucciones de eliminar al prisionero.

Dijo que salió a la 1:00 p.m. en punto, hora de Bolivia, hacia el puesto de mando y que 15 minutos más tarde escuchó «una pequeña ráfaga de una carabina».

«Y ahí fue cuando terminó la vida de Ernesto Che Guevara», concluyó.

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