lunes, noviembre 29, 2021
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Viejos en Cuba, la ultima carta de la baraja

Amada Castellano Suárez, una maestra de enseñanza primaria jubilada de 70 años de edad, lamentó haber envejecido en Cuba luego de esperar 8 horas en una cola para comprar (sin suerte) un paquete de pollo, dos de picadillo y un litro de aceite.

La tienda cesó operaciones por la jornada sin que la anciana lograra abastecerse con estos productos esenciales, y lo más triste es que la mujer estaba haciendo un esfuerzo descomunal para destinar parte de su chequera de apenas 2.000 Pesos Cubanos (CUP) mensuales a comprar esos alimentos.

Amada vive en pésimas condiciones habitacionales y lidia cada día con sus problemas de salud en medio de esta crisis económica (la que ha desaparecido gran parte de los medicamentos en el país).

La mujer suele aguardar durante días en las colas para comprar alimentos y aseo personal y en las de las farmacias. Aseguró estar exhausta (y más que eso, harta) de tener que invertir 16 horas diarias en colas sin la garantía de poder resolver lo mínimo para malvivir, y saber que toca el mismo ajetreo a la mañana siguiente.

En un país con un índice de envejecimiento poblacional tan acelerado y preocupante, los millones de ciudadanos cubanos de la tercera edad sobreviven en medio de una cotidianeidad hostil.

Amada contó que los jubilados y el resto de personas «vulnerables» llevan décadas siendo víctimas del abandono gubernamental, pues ella, una mujer que trabajó durante 35 años, no necesita condescendencia ni ayudas especiales, «sino una jubilación digna», una remuneración justa por todo el esfuerzo y el tiempo que empeñó trabajando.

La Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) contabilizó que el 21,3% de la población de Cuba para el cierre del año 2020 eran personas mayores de 60 años.

De acuerdo con el envejecimiento acelerado de la población, se estima que el 34,9% del total de habitantes de la isla sobrepasen los 60 años para el 2050, lo que convertiría a Cuba en el país más envejecido de Latinoamérica.

Los jubilados cubanos enfrentan la creciente dolarización de la economía nacional con una pensión insuficiente y en la moneda más desventajosa.

Gabriel Betancourt Morales, tornero y fresador jubilado, de 72 años de edad y vecino del Cerro, se describió diciendo: «en la mano derecha un refrigerador vacío y en la mano izquierda una soga». Los matices dan una impresión no muy alentadora de sus circunstancias.

El jubilado dijo estar muy decepcionado de la triste chequera que recibe «después de trabajar casi 40 años en un central azucarero», la que alcanza para muy poco en el contexto actual. Comentó que su salud agrava y que convive «con otros seis familiares en apenas dos cuartos de un solar», por lo que casi no puede aportar a la economía doméstica debido al precio por el que se ve obligado a comprar las medicinas en el mercado informal. «Me estoy pensando vivir en la calle, comprar mis medicinas y comer hasta donde me alcance el resto del dinero», relató el hombre.

Él y su familia se trasladaron al albergue hace más de dos décadas, tras el derrumbe total de su vivienda, y hace diez años decidieron ocupar de forma ilegal un cuarto en un solar.

Betancourt Morales considera que «volverse viejo en este país es casi como ir al infierno en vida». Precisó que lo que la tercera edad necesita no es «un círculo de abuelos, cientos de propagandas en la televisión y catalogarnos de ‘vulnerables’, sino una chequera con la que realmente puedan hacer frente a un país caro e injusto. «Ser un pensionado en Cuba vale menos que una jaba de pan viejo», fustigó el señor.

Las pensiones mínimas quedaron fijadas en 2.100 y 1.528 CUP, respectivamente, tras el reordenamiento monetario que entró en vigor en enero de este año.

Por su parte, la vecina de Santo Suárez Gladys Ruiz Galán, enfermera jubilada de 75 años, recomendó la emigración a los jóvenes cubanos como una apuesta segura «porque envejecer en Cuba no es una opción». Listó una serie de obstáculos que agudizan la brecha económica para los jubilados, como la imposibilidad de emigrar independientemente o la escasez generalizada que sufren todos los cubanos, tengan o no acceso a divisas extranjeras. «Solo te queda como opción buscarte un empleo extra hasta donde la salud te lo permita», señaló Ruiz Galán, quien se dedicaba al cuidado de otros ancianos antes de la pandemia, en aras de compensar gastos.

«No es justo envejecer en esas disyuntivas. Ser viejo no es justo en Cuba», concluyó, alegando que se niega a ser colera o revendedora porque no quiere que ese sea el final que le toque en este país: «dedicarme a actividades a las que la situación te obliga, pero que al mismo tiempo ese Gobierno para el cual trabajaste denigra y condena», dijo.


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