miércoles, diciembre 8, 2021
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Las «trabajadoras sexuales» en Cuba también se alistan ya para la reapertura de las fronteras

El anuncio de la reapertura de las fronteras al turismo internacional ha sido la única buena noticia que ha escuchado Lilianne Rosales en año y medio. Siendo madre soltera de dos menores de edad, Rosales ofrece servicios sexuales a extranjeros desde hace diez años, pero la actividad se paralizó con la expansión del coronavirus en la isla.

De 31 años de edad, Rosales se presenta como «trabajadora sexual» y confesó estar lista para recomenzar su trabajo, tras año y medio en el que tuvo que convertirse en «colera» para poder mantener a su familia.

«No me percibo como jinetera, porque entonces todos los negocios relacionados con el turismo lo serían también. Nadie les dice jineteros a los choferes de autos de lujo ni a los cocheros que ofrecen sus servicios exclusivamente a extranjeros en La Habana Vieja. Tampoco discrimino a los cubanos, simplemente elegí trabajar con extranjeros del mismo modo que quienes administran un hostal, o un guía turístico, o los artesanos que venden souvenir en las ferias del Casco Histórico», explicó Rosales, aclarando además que ya «renovó» sus acuerdos con dos administradores de hostales en la capital cubana y otros dos en Trinidad.

Pese a que la mayoría de las trabajadoras sexuales no sobrepasan los 35 años de edad y pretenden migrar a otros países en el futuro, deben lidiar con la sobrevida en la isla mientras esperan la oportunidad.

Yaneisys Cedeño no pudo concluir la Licenciatura en Química debido a razones económicas en su familia, y aclaró que, al menos en su caso, «una mujer no llega a ofrecer servicios sexuales del mismo modo que eliges estudiar una carrera universitaria. Lo que sí aprendes, para contrarrestar el repudio de la gente y del Gobierno, es a respetarte a ti misma y al trabajo que haces», por lo que se ha ganado el respeto de los propietarios de hostales y restaurantes que solía frecuentar.

«Durante todo el tiempo que estuvo cerrado el país tuve que hacer cosas mucho menos agradables, como millones de cubanos, por obligación para no morirme de hambre ni yo ni mis hijos y mis dos padres. Ninguna cubana quiere ser colera, revendedora o vendedora ambulante de escobas y trapeadores», destacó Cedeño, de 26 años.

A las ventajas que representan la reapertura de fronteras y negocios como cafeterías y restaurantes, podrían sumarse las modificaciones previstas para la Ley de Procedimiento Penal.

El término peyorativo «jineteras» ha sido un estigma para las trabajadoras sexuales cubanas durante décadas, las cuales podían ser procesadas bajo la figura de peligrosidad predelictiva al no reconocerse la prostitución como delito en el Código Penal.

Esta figura podría desaparecer, de acuerdo las declaraciones de Rubén Remigio Ferro, presidente del Tribunal Supremo Popular, pues «el Derecho Penal solo se ocupa de hechos que sean delitos establecidos en el Código Penal». Para Sahilí Rodríguez Peña, de 25 años de edad y madre de una niña pequeña, cuesta creer el Gobierno no tiene «otra trampa bajo la manga con la cual asfixiarnos como siempre».

«Muchas mujeres de este oficio sufrieron hasta cárcel; así que espero que, tras la bendecida reapertura de las fronteras, también este Gobierno se abra a la tolerancia de las mujeres jóvenes, y no pocas madres solteras, que nos ganamos el sustento con este servicio», concluyó Rodríguez Peña, diciendo que también deberían despenalizar «ese otro delito que nunca estuvo en el Código Penal, pero que la policía aplicaba y los tribunales admitían con las consecuentes actas de advertencia: el asedio al turista».


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