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Dueños de bares privados en Villa Clara se las están viendo negras para poder tener abastecidos sus negocios

La santaclareña tienda Praga, la que opera en Moneda Libremente Convertible (MLC), expone en sus vidrieras productos que hace casi un año que no se ven en establecimientos en Pesos Cubanos (CUP). En cuanto a bebidas, este local presenta bebidas de marcas como Varadero o Caney, mientras que tiendas Artex en CUP a 2 cuadras de distancia solo tienen disponible para la venta la marca Havana Club, a más de 4.000 CUP por botella.

Como la ciudad comienza a transitar hacia la «nueva normalidad», las autoridades provinciales autorizaron finalmente la actividad gastronómica nocturna estatal y privada.

Sin embargo, los propietarios de la mayoría de los bares y restaurantes particulares de Santa Clara no han podido reanudar operaciones en sus locales debido a la casi total ausencia de insumos para garantizar una oferta estatales a precios asequibles en sus establecimientos.

La actual crisis de materia prima (desabastecimiento general de recursos e insumos de cualquier tipo) sumerge a los emprendedores cubanos en una contingencia casi imposible de sortear.

Los trabajadores por cuenta propia en la isla, ante la inexistencia de un mercado mayorista de donde abastecerse, siempre han tenido que recurrir a los propios puntos de venta del Estado y a las extintas tiendas en Pesos Convertibles (CUC) para suministrar una mínima oferta en sus locales.

Los mismos directivos de los centros de producción de bebidas alcohólicas de la provincia de Villa Clara han explicado a la prensa local que sus instalaciones no cuenta con suministro estable de rones tradicionales, por lo que esto afecta directamente a los privados.

Blanca Blanche, dueña del bar «Un tranvía llamado deseo», justo frente al emblemático Centro Cultural «El Mejunje», lamentó tener que poner sus tragos y la cerveza a sobreprecio. La santaclareña debe comprar el litro de ron a 76 MLC, moneda que debe comprar por transferencia a la tasa de cambio del mercado negro por no contar con una fuente de divisas desde le extranjero. Así, un litro de Havana Club Especial le vendría costando 700 u 800 CUP.

Además, debe costear la compra de productos para la higiene, el pago de servicios básicos (como agua y electricidad), y el salario de sus empleados. Por tanto, se ve obligada a imponer precios descabellados por cada línea de ron (eso cuando no adquiere los productos directamente del mercado informal).

Blanca aseguró que los vaivenes de los precios hoy en día en la red de comercio ilícito le hacen la faena más complicada, porque termina perdiendo con cada venta.

Debido a estas dificultades, las cartas de bares y restaurantes se encuentran totalmente dependientes de la oferta del momento en las tiendas en MLC, provocando cambios constantes de género y de precios, teniendo que «sacar los costos de cada trago» todos los días, según contó Yaudel, propietario del bar «QHay».

Javier, copropietario del bar «Piraterías», confesó que las normativas implantadas hasta el momento sobre el sector privado en este aspecto no tienen lógica ni sostenibilidad alguna, pues el negocio tiene que comprar en una moneda distinta a la que vende y ni el cliente queda contento ni el dueño hace dinero.

El trago Alexander, del bar de Blanca, lleva cacao, café, ron Especial y leche en polvo (cuyo precio viene costando más de 300 CUP en el mercado negro de la ciudad).

«El primer fin de semana puede que se llenen los bares. Después, los verás vacíos», afirmó Blanca, alegando que durante la primera apertura sucedió lo mismo y que los negocios con mayor capital acumulado podrán abrir y «correr los riesgos».

Los TCP siempre han estado desprotegidos en cuanto a garantías de insumos para mantener un servicio estable, de acuerdo con varios propietarios y dependientes de bares, por lo que calculan que tendrán que invertir inicialmente miles de pesos para surtir sus barras.

Javier destacó que el Gobierno nos ha proporcionado el tan ansiado mercado mayorista, obligándolos «a ir a comprar en la red de tiendas minoristas que tienen otro objetivo». Por tanto, incluso si les da pena con los clientes, tendrán que «hacerlo así o cerrar».

En las provincias, según dichos propietarios, no se estila que las marcas acudan a estos negocios para obsequiar cristalería y otros artículos que promocionen los rones de producción nacional.

Javier comentó que su bar se vale de la plataforma «Yerro Menú», la cual permite la consulta online del catálogo de productos, por lo que optarán por emplear cartas online. «Pondremos código QR en cada mesa para que los clientes accedan a ella con sus móviles, así evitaremos el contacto entre los clientes y la carta física. Esa carta se editará a diario para mostrar sólo lo que tenemos disponible en el día», informó.

La asistencia de público a estos sitios también es un asunto que no ve con las mejores expectativas, puesto que los nuevos precios alejarán cierta clientela, entre la que se encuentra el público joven, al verse imposibilitados de frecuentar los bares. Sin embargo, no existe duda de que la asistencia de clientes se retomará, debido a la necesidad de entretenimiento que deviene de tantos meses de encierro.

«Por ahora, el mejor bar será el que tenga más inventario y la calidad pasará a un segundo orden. Tendremos que adaptarnos, pero la inestabilidad, indiscutiblemente, atenta contra estos negocios», concluyó Javier.

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