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Taxistas privados en Cuba se ve obligados a subir los precios ante la escacez de combustible y el aumento del costo generalizado

Los tradicionales «almendrones» de La Habana han desaparecido desde que la crisis económica ha acrecentado en el último año. Y es que este negocio, hace un tiempo fructífero y popular, ha probado ser muy poco rentable en las condiciones actuales de la isla.

Ana Gloria, habanera que prefiere montar en estos medios de transporte para poder reducir la posibilidad de contagio con el coronavirus de su hija pequeña (quien aún no ha sido vacunada), estuvo esperando por más de media hora por uno de los que cubren la ruta entre Alamar y Centro Habana.

Aseguró que «cada día se nos hace más difícil conseguir un botero», pues se han esfumado de las calles de la ciudad.

La evidente disminución de estos vehículos se debe, principalmente, a la transición de la gran mayoría de los choferes privados hacia otras actividades laborales relacionadas o no con el transporte (para las que les valga la misma Licencia Operativa de Transporte).

Raúl, quien ya había pensado desde hace años en dejar de prestar servicios de taxi, alegó verse finalmente obligado a dedicarse a la albañilería, pues si antes el Gobierno imponían leyes donde siempre salían perjudicados, el escenario de este 2021 ha sido la hora que colmó el vaso.

Efectivamente, las legislaciones aprobadas en 2017 y 2019 con aplicación para estos operadores, reorganizaron el transporte privado, impusieron al creación de piqueras, toparon los precios y fijaron cobros diferentes para cada tramo del recorrido.

Los conductores manifestaron gran inconformidad con las medidas y el servicio decayó ligeramente en aquel momento, pero la ley de la oferta y la demanda siguió su rumbo.

El segundo paquete de medidas, aplicado también durante la crisis sanitaria provocada por la pandemia, refería a que cada territorio establecería sus tarifas, y las licencias para servicio de «rutero» y «libre» en denominada «regular».

Raúl, quien se dedicó a ofrecer servicios «puerta a puerta», pues en los de «botero» no había demasiada demanda.

Amaury, un transportista que trabaja sin licencia, aseguró que para él no es rentable «borrar» porque «la gasolina está muy cara y en mi carrito (un Moskvitch) no cabe mucha gente».

Encima, tampoco ayudó a la situación la implementación de limitaciones de horarios, la restricción de movimiento y la escasez de combustible.

El establecimiento de precios diferenciados de combustible para los transportistas particulares poco ayudó en la práctica debido a los cierres de gasolineras y de las oficinas de FINCIMEX por contagio entre los trabajadores.

El bioquímico y transportista privado Oscar Casanella esclareció que los «boteros» logran alrededor de 240 litros de petróleo a 14 pesos el litro, pero casi todos estos vehículos consumen mucho más que esa cantidad. «El resto del petróleo tienen que comprarlo a 25 pesos en el CUPET».

Los precios diferenciados para los transportistas privados son:
Gasolina Motor (83 octanos): 14,66 pesos (precio minorista en CUPET: 20 pesos)
Gasolina Motor (90 octanos): 16,46 pesos (precio minorista en CUPET: 25 pesos)
Gasolina Motor (100 octanos): 20,27 pesos (precio minorista en CUPET: 30 pesos)
Diesel Regular y Especial: 13,99 y 15,12 pesos (precio minorista en CUPET: 25 pesos)

Y es que estas continuas medidas de «perfeccionamiento» solo podrían significar un temor gubernamental por el empoderamiento económico que puedan alcanzar estos choferes.

«Ellos (el Gobierno), con sus medidas, te obligan a decidir entre perder dinero o corromperte, y yo decidí dedicarme a transportar paquetería en mi carro, pero solo por la izquierda. Mientras haya tanta injusticia no pienso botear», comentó Juan Carlos, uno de los boteros habaneros que entregó la licencia para ganarse la vida con otra actividad; mientras que Raúl considera que para los boteros cubanos el principal obstáculo radica en los altos montos que deben asumir para mantener sus vehículos funcionando, puesto que «una goma, por ejemplo, te sale en 45 Moneda Libremente Convertible (MLC)», y ni hablar del trabajo en que deben efectuar chapistas y mecánicos.

«Yo trato de ser justo, pero tampoco puedo regalar mi trabajo. Mis tarifas dependen de la distancia a recorrer. Por poner un ejemplo, una carrera entre Alamar y Centro Habana la puedo cobrar a 250 o 300 pesos», detalló Amaury, asegurando que solo puede permitirse bajar un poco el precio de sus servicios a raíz de que él mismo asume las reparaciones mecánicas que su automóvil requiere.

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