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Los cubanos no verán limones en los agromercados por buen tiempo, según advirtieron las autoridades

La pésima producción de cítricos en el municipio de Jagüey Grande, en Matanzas, se le atribuye desde hace años a la sequía, los altos costos de cultivo y plagas como dragón amarillo.

«De aquí a unos dos años quizá no haya ninguno, quien diga otra cosa les está mintiendo», dijo al diario Granma este lunes una habitante del poblado Torriente.

En el artículo, se refirió a plantaciones «empobrecidas y gajos secos» para señalar que de los «campos de cítricos, perfectamente delineados, no queda nada».

La producción nacional se ha visto muy aquejada por la falta de insumos y financiamiento. El Ministerio de Agricultura reportó un inventario de plantaciones de 11.907 hectáreas de cítricos al cierre de octubre de 2020, de las cuales 3.847 hectáreas eran de naranja, 5.439 de toronja, y 2.000 de limas y limones.

La caída en picada del sector es evidente, y es que los cultivos están enfermos y no existen las condiciones para curarlos; de ahí que los limones apenas sueltan unas gotas cuando se cortan y que las tarimas de los mercados nunca expongan naranjas, toronjas o mandarinas.

La falta de «medicina para combatir» la «maldita plaga» del dragón amarillo son los culpables para los residentes de Jagüey Grande, unos de los territorios que más cítricos aportaba al país. «Requerimos de capital financiero para adquirir la tecnología y el amplio espectro de químicos que son necesarios para combatir las plagas», admitió Michael González Noda, el subdirector adjunto de la Empresa Agroindustrial Victoria de Girón.

La falta de inversión en los planes de cultivo ha llevado a que hiciera falta «importar de México naranjas y limas para abastecer los hoteles» en 2019, según una publicación del Observatorio Cubano de Conflictos.

Los cultivos se ha reorientado hacia la siembra de calabaza, pepino, quimbombó, yuca, plátano y otros productos dentro del cultivo del cítrico, como pasó con la Unidad Empresarial de Base Granja número Dos.

La empresa Victoria de Girón también ha adoptado el modelo, con plantaciones de guayaba, mango, mamey, piña y aguacate.

Productores como Daniel Oliva prefieren «plantar pequeñas cantidades» para garantizar rendimientos y evitar la pérdida de hectáreas de cítricos debido a plagas y enfermedades.

Es una pena, dado que el país llevó a cabo un amplio plan citrícola en la Isla de la Juventud, en los años 70 y 80, pero el proyecto fue declinando hasta convertirse en amplios campos llenos de hierbas y edificaciones abandonadas con la caída del campo socialista.