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La inflación en Cuba provoca que muchas familias ahora mismo solo puedan hacer una comida al día

Mariela Medina es una tunera residente en la ciudad de Santiago de Cuba que cuenta estar en la misma situación de extrema pobreza que vive la población de países de drástico subdesarrollo: sin dinero y con una sola comida al día.

Alegó que «al menos en Las Tunas tenía opciones de conseguir viandas y pescado para mi familia», pero es que los elevadísimos precios y la escasez de los productos de primera necesidad han hecho que cada día tenga que decidir entre asearse, vestirse o comer.

Aseguró que sus «hijos llevan dos años comiendo quimbombó y berenjena a pulso». La mujer se mudó a la segunda capital del país por convencimiento de su esposo, Rodolfo Santos, el que ahora se siente responsable por la mísera etapa que su familia está pasando.

Y es que miles de familias en esta provincia, la segunda en importancia de la isla y la primera de la región oriental, están sufriendo la misma situación, como consecuencia de una inflación que las propias autoridades han reconocido que supera por 3 veces la registrada en 2019.

El fracaso de la estatal Tarea Ordenamiento solo ha logrado que la demanda esté muy por encima de «la oferta que puede garantizar el Estado», según palabras del presidente Miguel Díaz-Canel.

El poder adquisitivo del pueblo cubano continúa decayendo, el hartazgo popular se fortalece y el Gobierno no parece encontrar vías para aplacar la crisis.

Los más humildes de esa ciudad tienen que vérselas con precios como una libra de pollo por 150 Pesos Cubanos (CUP), una de cerdo por 190, res por 250, arroz por 90, tomate por 120 y un litro de aceite por 300. Una caja de cigarros Criollos se está cotizando en 200 CUP y un pequeño viaje a la playa para una familia de 6 miembros se eleva a 4.000 CUP por ida y vuelta.

Dania Valenzuela aseguró que lleva meses comiendo solo «picadillo de soya, caldo de boniato, fufú de fongo y pan de maíz».

Mientras, los santiagueros se hallan molestos con el tratamiento que le está dando el Gobierno a la situación, tratando de controlar todo y sin solucionar nada.

Roger Figueroa opinó que «las tribunas desbordadas de triunfalismo y politiquería no garantizan el desayuno, el almuerzo y la comida. Solo unas pocas casas pueden darse el lujo de servirlos». Este hombre se ve forzado a alimentar a sus abuelos y a sus hijos con sopa de cerdo por no poder costearse algo de leche o proteínas.

La mayoría de las familias resuelven el día con agua con azúcar para desayunar, chícharo para almorzar y puré de calabaza para comer.

Gladis Rivas y su familia se sustentan con yogurt y un par de cuerúas (galletas de mala calidad).

El pescado y los mariscos continúan desaparecidos en esta ciudad rodeada por mar, y sus precios, cuando se divisan, oscilan entre los 500 y 2.000 CUP, debido a que la pesca deportiva y la captura submarina son actividades sancionadas por las autoridades con 1.500 CUP de multas.

Los alimentos elaborados, como las pizzas y los espaguetis, ya se cotizan entre los 200 y los 500 CUP, por culpa de la escasez de sus ingredientes.

Los problemas con los suministros de agua a la población se agravan, llegando a pasar más de 2 semanas sin abasto.

Mientras, la prensa oficialista se dedica a ignorar las carencias y a enaltecer a los dirigentes, como lo hizo recientemente el diario Sierra Maestra con el ascendido primer secretario del Partido Comunista en la provincia, Lázaro Expósito. El medio le dedicó un total de 12 artículos entre crónicas, reportajes y entrevistas, con más de 38 fotografías de la figura.

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